Pidamos a los Reyes Magos.
Pidamos a los Reyes Magos. Barcelona Hoy.

Cuando la razón, la sensatez y los intereses generales brillan por su ausencia parece que solo nos queda ser niños y no perder las ilusiones.


La soleada mañana, las fiestas y algunos kilos de más parecían presagiar un amable café, pero nuestra joven profesora enseguida tomó la palabra:

—Queridos amigos, sigamos con la Tregua de Dios, porque, mi viejo marino, espero que no empieces con tus diatribas, deseo que hoy sigamos con las tradiciones y hagamos la carta a sus majestades de Oriente. ¡Hagamos la carta a los Reyes Magos!

Nos acompañaba excepcionalmente otra amiga, algo mefistofélica y muy irónica, que tomó rápidamente la palabra:

—¿Qué regalos quieres pedir?, aunque no deberías pasarte la economía no está para demasiados trotes.

El viejo marino no desaprovechó la ocasión y se lanzó en tromba:

—Me apunto. Tomar nota de mi carta. Quiero pedir que en este año próximo no haya más mentiras, que se dejen de engañarnos y tomarnos por tontos. Que se acabe el victimismo independentista, y que esos vagos vividores empiecen a trabajar para todos los catalanes sin excepción. Que la política deje de ser la basura en la que la han convertido y que se retorne a acciones honorables para que se recupere la dignidad del ejercicio de la acción pública.

Siguió nuestra amiga mefistofélica:

—Puestos a pedir; quiero que se acabe esta «asimetría», porque no sé el porqué, pero mucho me temo que todo esto está redundando en contra nuestra. Los datos macroeconómicos ya nos indican que la Comunidad de Madrid ya ha superado a Cataluña. ¡Algo inexplicable! Y que no nos cuenten más el rollo de «España nos roba», aquí los únicos que roban y han robado son algunos políticos corruptos que han hecho del independentismo un negocio, una tapadera y un paraguas.

La joven profesora parecía que tampoco se iba a quedar atrás:

—Puestos a pedir imposibles, me gustaría pedir a los alborotadores, a los que ocupan las calles que rompen la tranquilidad y han roto con la imagen de pueblo pacífico que teníamos. Que dejen de inventar falsos problemas, que se acaben con las prebendas que vienen gozando, porque está claro que son financiados desde organismos públicos independentistas. Que dejemos de escuchar a esos pseudohistoriadores que se inventan una historia falsaria que solo da risa y que han logrado ser motivo de burlas en todo el mundo.

El marino siguió:

—Escribid, quiero que los Reyes Magos nos traigan libertad. No quiero ver como un pueblo está dividido, con familiares y amigos que han dejado de hablar de política para evitar conflictos, peleas y enemistades. No quiero vivir en una tierra en la que se ha impuesto la autocensura para evitar que, todos aquellos que no somos independentistas, se nos etiquete de antipatriotas. ¡No quiero una Cataluña represiva y antidemocrática!

Parecía que nuestros amigos se habían venido arriba. No había quien los callase, estaban alborotados y se habían sublevado. Estaban preconizando un mundo utópico y por unos instantes se habían olvidado donde estamos viviendo.

No solo sus peticiones parecían inalcanzables, sino que estaban esperando un milagro. Estaban pidiendo que hubiese responsabilidad, generosidad e imparcialidad en los políticos. Que fueran capaces de anteponer los intereses generales a los propios. Que hicieran uso del «espíritu de la veracidad» y no de las fake news que tanto les gustan. Querían un mundo utópico.

Visto el derrotero, aportando algo de sensatez, nuestra joven profesora, se levantó de la mesa, con dedo índice en ristre, exclamó:

—¡Esto es una carta a los Reyes Magos! ¡Vosotros estáis invocando a la virgen de Lourdes! El negociado de los milagros lo vamos a dejar para otro día.

Entre risas, nos relajamos unos instantes, sorbimos un poco de café, y nuestra amiga que hoy nos acompañaba recondujo la carta:

—¿Qué os parece si pedimos algo más factible? Por ejemplo, querida amiga, tú que estás muy preocupada por la huella de carbono ¿Por qué no pides el último modelo de Tesla? Me han dicho que es una pasada, y aunque el coche cueste un pastón y la fábrica no venga a Barcelona; seguro que es más fácil que te lo traigan que todo eso que estás pidiendo.

Miró al marino y le dijo:

—A ti, viejo amigo, ¿Por qué no pides ese velero de dos palos y no sé cuantos metros de eslora? Caro, no, carísimo, pero que a pesar de tu exigua pensión es más fácil que los Reyes Magos te den la sorpresa y te lo pongan en el puerto que todo ese imposible que has pedido sobre el independentismo.

Nos miramos, nos reímos y pensamos que lo único real, lo único que de verdad y queríamos pedir era que en el 2020 podamos ser felices y poderlo compartir con los nuestros.

Feliz 2020

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