Los contratos de alquiler temporal cada vez tienen más protagonismo en Barcelona y en el resto del país. Ese tipo de contrato apuesta por alquilar en temporada baja a una persona y luego apostar por el alquiler turístico en temporada alta. De esa manera, las dos partes pueden salir ganando, recordando que con esa combinación se puede sacar mucha rentabilidad a la vivienda.
¿Qué es el contrato de alquiler temporal?
Es un tipo de alquiler en el cual el inquilino no va a ocupar la vivienda durante todo el año, sino durante unos meses determinados. En la gran mayoría de ocasiones el contrato suele ser de septiembre a junio, es decir, suele ir vinculado al periodo lectivo. Gracias a ese contrato, el inquilino solo tendrá que pagar durante los meses en los cuales va a ocupar la vivienda, lo cual supone un ahorro importante.
A su vez, el propietario puede tener libertad de alquilar a otras personas cuando el contrato de alquiler temporal acabe. En el caso del ejemplo, podría destinar la vivienda a alquiler turístico durante los meses de julio y agosto. Así siempre tiene la casa alquilada y puede sacar mucha más rentabilidad por la misma.
Normalmente este tipo de alquiler suele ser elegido por los inquilinos cuando acuden a una ciudad diferente por motivos de estudios, vacaciones o trabajo. Según los últimos estudios, este tipo de contrato suele durar de uno a 11 meses, aunque de media la gran mayoría de contratos suelen durar 10 meses. Justo coincide con el periodo lectivo.
Principales características del contrato temporal de alquiler
Es importante dejar constancia de que este tipo de contrato no es un contrato que está ligado a la vivienda habitual. Como hemos comentado, solo se va a usar durante unos meses determinados del año.
Para que el contrato sea válido, el mismo tendrá que dejar constancia de la fecha de entrada y salida del inquilino. Durante ese tiempo, el inquilino tendrá derecho a vivir en la casa. Por supuesto, tras finalizar el contrato el mismo se puede renovar para futuros ejercicios.
En el contrato de alquiler es necesario pagar una garantía de pago. Esa garantía no siempre es la misma, pero lo común suele ser abonar dos meses de renta por adelantado. Esa fianza se deposita en la oficina pública. El objetivo de esa fianza es poder hacer frente a posibles daños o impagos. Y si todo está correcto, el inquilino recuperará su dinero al finalizar el contrato.
¿Hay que contratar un seguro de impago de alquiler temporal?
No es obligatorio, pero sí que es recomendable que el propietario contrate un seguro de impago. Si se quiere disfrutar de una protección alta, este tipo de seguro aporta la seguridad que se busca. Eso sí, no todas las opciones son iguales, siempre hay que optar por una completa como la de SEAG.
El seguro de impago de alquiler temporal SEAG es realmente completo. No solo ofrece muchas coberturas, sino que protege realmente bien al propietario. Por ese motivo, actualmente es la opción más contratada por parte de los propietarios para defender sus derechos. Y es que con esta opción la protección será alta.
Para que puedas hacerte a la idea, vamos a mostrarte algunos de los beneficios que obtendrás con la ayuda de SEAG y todo a cambio de una pequeña cuota del alquiler.
- Cobro garantizado: garantiza el impago de hasta 12 mensualidades.
- Defensa jurídica: cuenta con su propio equipo de abogados para defender los derechos del propietario. Incluyen los gastos de procurador, notificaciones… así todo es más fácil para el propietario.
- Okupación: también ofrece el servicio de protección contra la okupación. Incluso cuando se ocupa la vivienda tras la finalización del contrato. Se extiende durante los tres meses siguientes a la finalización de la Garantía de alquiler.
- Vandalismo: también ofrece cobertura de hasta 3000 euros sin franquicia por los daños vandálicos que haya podido sufrir la vivienda.
¿Qué cláusulas debería tener el contrato de alquiler?
Un buen contrato de alquiler de temporada debería contar con una serie de cláusulas. Te mostramos las más importantes para que las puedas tener en cuenta y así certificar que el contrato es completo.
- Motivo: en el contrato siempre deberá quedar reflejado el motivo por el cual se realiza este tipo de contrato. Puede ser por trabajo, estudios…
- Duración: el contrato siempre deberá mostrar de manera clara el inicio y el fin del mismo. Las fechas deben ser exactas para evitar malentendidos.
- Renta: siempre deberá dejar claro cuál será el importe de la renta. Además se deberá dejar fijada la fecha del pago de la mensualidad y la forma de abono.
- Listado: el contrato debería dejar constancia de los enseres y mobiliario que se incluye en el alquiler. El inventario tiene que estar bien formulado para evitar problemas en el futuro.
- Comunidad: es importante dejar constancia de que parte va a pagar la comunidad. Normalmente suele ser común que el abono vaya ligado al inquilino, pero no siempre es así. En el contrato se debe dejar constancia de ese detalle.
- Penalización: se debe dejar constancia de cuál será la penalización en caso de que una de las partes incumpla el contrato. Se debe dejar constancia de la anulación del contrato y de las modalidades de rescisión. Todo tiene que estar bien explicado en el contrato.
- Fianza: siempre se debe dejar constancia de la entrega de la fianza abonada por el inquilino.
Cuanta más información tenga el contrato de alquiler temporal, mejor. Así se evitarán problemas a medio y largo plazo. Y es que en caso de problema, solo hay que leer el contrato y rápidamente se verá que parte de las dos tiene razón.
¿Cuál es la diferencia entre alquiler turístico y de temporada?
El contrato de alquiler de temporada generalmente abarca un período que va desde los 32 días hasta los 11 meses, mientras que el alquiler turístico se limita a un máximo de 31 días.
Además, el alquiler turístico está diseñado específicamente para ser utilizado con propósitos vacacionales, como indica su nombre. Por lo tanto, suele incluir mobiliario y servicios de hospitalidad destinados a ese fin. Esta distinción no es tan común en los contratos de alquiler de temporada, donde el propósito de uso puede variar entre motivos laborales o de estudio, además de vacacionales.







