Cartel de Vox ubicado en el metro de Madrid
Cartel de Vox ubicado en el metro de Madrid

En lugar de mandar al cartel de VOX al basurero de la Historia, podemos hacer un esfuerzo adicional y tratar de analizar el texto en términos de éxito y fracaso. De esta manera, quizás podamos ver algo más y neutralizar nuestra tendencia a hacer realidad eso de “cuando el sabio señala la luna, el necio mira al dedo”.


En el lado del éxito, el cartel acierta a conectar con lo que piensan muchos de sus votantes y, también, algunos de los que no votan a Vox pero que no entienden que se dediquen medios a personas que han entrado en España ilegalmente y detraen recursos de quienes respetan la Ley.

«Un alto porcentaje de los inmigrantes se esfuerza por cumplir con sus obligaciones sociales y familiares»

Pilar G Jauregui (socióloga)

En este apartado, añadiré que es difícil entender el cartel si no nos tomamos el tiempo para alcanzar a ver porqué el anuncio conecta con lo que piensa mucha gente. Lo primero es admitir que los menas, y los inmigrantes en situación de precariedad, residen en barrios depauperados porque es el único lugar donde pueden procurarse un techo. En estos barrios, las condiciones de necesidad son tales que las personas que viven en ellos se ven obligadas a pelear por recursos muy escasos. Un alto porcentaje de ellos se esfuerza por cumplir con sus obligaciones sociales y familiares. Una vida de mucho sacrificio que los ha llevado a incontables renuncias para poder hacer frente al pago de su vivienda, de la comida, de la luz, del agua. Su escaso salario lo obtienen en general en trabajos precarios, mal pagados, realizados en jornadas interminables. No esperan mucho más que llegar a un final de mes digno sin tener que contar con la ayuda de un familiar. Se dan por satisfechos con que la salud de los suyos se preserve y no les haga la vida más dura aún.

«La mayoría de la generación que hoy supera los sesenta años y tampoco muchos de los jóvenes no han disfrutado de ayudas que otros recién llegados sí están recibiendo»

Pilar G Jauregui (socióloga)

En este escenario, los ciudadanos en situaciones de carencia ven como, año tras año, sus barrios acogen, cada vez más, a un mayor número de inmigración legal e ilegal en un porcentaje desproporcionado. Una situación que ningún otro barrio de la ciudad contempla, ni intuye, ni ha de hacer frente. Aquí es donde se encuentran unos ciudadanos que han trabajado toda su vida, pagado su hipoteca y criado a sus hijos costeando todo ello con salarios donde el precio hora no supera los cinco euros. Se saben ignorados por las administraciones por vivir en barriadas a menudo conflictivas donde hasta hace poco los políticos no iban ni a pedir el voto.

Estos mismos ciudadanos comprueban cómo la inmigración legal recibe ayudas para vivienda, ayudas para pagar la luz, o les proveen de trabajo para facilitar su integración. Son ayudas que hasta hace poco no existían, y que hoy son posibles, pero de las que no han disfrutado la mayoría de la generación que hoy supera los sesenta años y tampoco muchos de los jóvenes -y menos jóvenes, en los que se ceba el desempleo. Es fácil imaginar que no comprendan, ni acepten con resignación, la diferencia de trato en ayudas sociales que reciben los inmigrantes hoy en comparación con la vida que a ellos les ha tocado vivir sin esperar amparo de nadie y que, cuando este apoyo les ha llegado, siempre ha sido tarde y mal. ¿Quién tras esta exposición de los hechos es incapaz de entender que haya españoles que compartan lo que expone el cartel de Vox? ¿Quién se atreve, tras calzarse los zapatos de los más necesitados de los ciudadanos, a mirar a la cara y recriminarles que no voten al único partido que entiende su decepción y se hace las mismas preguntas que ellos mismos realizan?

Tomo ahora el camino de analizar el fracaso del cartel. El texto señala a menores no acompañados y les hace parecer los culpables de una injusticia cuyos únicos responsables son los gobernantes que alimentan el clientelismo electoral, de las mafias que se alimentan de la desigualdad más atroz, de los líderes, intelectuales y medios que nunca han vivido rodeados de una multiculturalidad sin perspectivas de futuro en sus propios barrios y que hace difícil la convivencia e irreconocible la cultura de origen de los propios autóctonos.

Y, por último, el mayor desacierto del cartel es el no haber logrado señalar a los políticos incapaces de aportar soluciones a los graves problemas de pobreza y que, mientras se elevan en el globo de su superioridad moral hablando de la defensa de la igualdad, se retiran a pernoctar en un chalet con jardín, o en su apartamento de soltero unifamiliar o en su piso en la zona noble de cualquier ciudad.

Podría seguir en el apartado de los desaciertos que han dado lugar a la polémica del cartel de Vox, pero para no hacer este alegato más largo de lo imprescindible, acabo con un deseo. Me gustaría que nuestro nivel de cinismo descendiera. Para ello, nada mejor que no sucumbir a la impertinencia descarada de la actualidad que nos lleva a críticas de trazo grueso. Un mes de nuestras vacaciones en uno de los barrios menos prósperos de su ciudad nos vacunaría contra ello. Tras la experiencia, seguro que lograremos alcanzar a ver la luna en lugar del dedo que la señala.

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