En un clima de extrema violencia el 18 de julio de 1936 estalló la Guerra Civil Española. La Generalitat de Cataluña, presidida por Lluís Companys (ERC), a través de su Conselleria de Governació y de Defensa distribuyó armas a distintas organizaciones obreras y políticas leales a la República (principalmente ERC) para hacer frente al levantamiento militar. Algunos de los grupos más activos fueron las milicias obreras y revolucionarias, especialmente la CNT-FAI (anarquistas) y el POUM (marxistas antiestalinistas). Hoy analizaremos en detalle cómo los republicanos e independentistas saquearon y quemaron la Iglesia de San Esteban de Granollers.
Granollers en la Guerra Civil Española
Aunque la Generalitat trató de impedirlo, entre el 18 de julio de 1936 y las semanas siguientes fueron incendiados y saqueados miles de templos, iglesias y monasterios propiedad de la Iglesia por toda Cataluña. En el caso de Granollers fue el 20 de julio de 1936 cuando docenas de independentistas se presentaron fusil en mano en la Iglesia de San Esteban de Granollers arrestando a los vecinos que se encontraban rezando y a los religiosos. Fueron llevados a Montcada i Reixac, donde fueron posteriormente fusilados sin juicio previo y sus cuerpos depositados en una fosa común en el cementerio de la misma localidad. La fosa, aunque no está señalizada de ninguna manera, todavía existe y es una de las más grandes de España. Alberga entre 2000 y 3000 cuerpos todavía sin identificar.
La Iglesia de San Esteban de Granollers fue saqueada durante horas y finalmente quemada.

¿Quién destruyó la Iglesia de San Esteban de Granollers?
Como hemos comentado fueron principalmente miembros de ERC, CNT-FAI y POUM quienes destruyeron Sant Esteve de Granollers. Estos exaltados veían en el patrimonio religioso la imagen de la opresión que habían ejercido las clases privilegiadas y la misma Iglesia sobre los más débiles. Encontraban que la Iglesia se había aliado con estas clases privilegiadas y ricas y con los militares rebeldes. Quemaban símbolos, sin tener presente si era arte o no. Según el granollerense Miquel Joseph Mayol «el incendio de los templos se convirtió en símbolo de la revolución proletaria».
Los anarquistas exponían las razones que tenían para actuar de aquella manera a través de la prensa escrita. Así, en el periódico Solidaridad Obrera del 25 de julio de 1936 se podía leer: «Ens hem apoderat d’allò que ens podia ser útil per als fins revolucionaris i la despesa financera de la revolució i després hem incendiat els edificis religiosos, que són la vergonya del poble, per deixar-los reduïts al no-res, d’on no haurien d’haver sorgit.»; traducido al español quiere decir: «Nos hemos apoderado de aquello que nos podía ser útil para los fines revolucionarios y el gasto financiero de la revolución y después hemos incendiado los edificios religiosos, que son la vergüenza del pueblo, para dejarlos reducidos a la nada, de donde no deberían haber surgido».

¿De cuándo data la iglesia de San Esteban de Granollers?
La primera referencia documental de la iglesia de San Esteban es del año 972. Los siglos XV y XVI, encima de los edificios románicos, se construyó un nuevo templo gótico que perdurará hasta la Guerra Civil. La sublevación de julio de 1936 contra la Segunda República, provocó una ola de anticlericalismo que desemboca en la quema de edificios religiosos. En Granollers, el 20 de julio, se incendiaron la iglesia de San Esteban, la de los frailes de San Francisco, la de la Virgen de Montserrat, la de las hermanas Carmelitas, la iglesia de San Julia de Palou, y también el Centro Católico, las escuelas de San José y las capillas de los santos de bar. También fueron quemados los archivos municipales.
Meses después de ser incendiada la iglesia de San Esteban de Granollers, y pese a la opinión en contra del director general del Patrimonio de la Generalidad, Jeroni Martorell, el Comité revolucionario republicano independentista tomó la decisión de derribar la iglesia de Sant Esteve, argumentando que era un «símbolo reaccionario» y que permitiría emplear a los obreros de la construcción. La nave gótica de la iglesia fue totalmente derribada y tan sólo quedó de pie el campanario.
En 1940 el gobierno franquista inició inmediatamente la construcción del actual templo, obra de Joan Boade y Barba, que fue
inaugurado en 1946.
¿Por qué la Generalitat de Cataluña no trató de salvar el patrimonio religioso?

Muchas veces se ha acusado a la Generalitat de que no hizo nada para impedir la destrucción del patrimonio catalán. El gobierno de Lluís Companys cuando ya era demasiado tarde ordenó enviar mensajes por radio pidiendo a la población que no quemara las propiedades de la iglesia porque todas habían sido incautadas sin indemnización alguna por la Generalitat de Cataluña.
Empezaron a surgir comisiones y comités de diversos orígenes para ocuparse de la defensa del Patrimonio Artístico. A tales organismos se incorporaban algunos elementos políticos si eran designados por la autoridad constituida, a fin de mantener su control. Pero los sujetos activos que realizaban la labor con esmero y abnegación eran funcionarios de museos, profesores, expertos y también aficionados al Arte que trabajaban con desinterés.
La Generalitat de Cataluña empezó a hacer llamamientos para detener la destrucción. Así, el día 21 de julio emitía por radio una nota en la que decía: «El Gobierno de la Generalitat se ha incautado de todos los edificios religiosos y, por lo tanto, ruega a todo el mundo que sean respetados». Es evidente que esta nota no servía para aquellos edificios que ya habían sido dañados, pero lo que se pretendía era que no se asaltaran ni quemaran más. También se colocaron carteles en las entradas de los edificios donde se podía leer: «Edificio apropiado por la Generalitat de Cataluña al servicio de las instituciones políticas». Inicialmente se protegieron los grandes monumentos, como los monasterios de Montserrat y Poblet, pero seguidamente se crearían las juntas locales de salvaguarda, que actuarían en todas las comarcas.
A partir de esta primera nota, el Gobierno trabajó activamente en la creación de comisiones y decretos para proteger todo tipo de patrimonio. Los miembros de estas comisiones recorrerían Cataluña recogiendo objetos y los inventarios que se hacían en cada comisión local. De momento, en Granollers, a pesar de que sabemos que se hizo uno, según Esteve Velilla, se desconoce dónde fue a parar finalmente.
El primero de los decretos que firmó el gobierno de la Generalitat, bajo la dirección del conseller Ventura Gassol, fue el del 24 de julio en el que se constituían los comités de salvamento en cada localidad de Cataluña.
Intentos de la Generalitat por controlar a los independentistas republicanos
La destrucción del patrimonio artístico fue aprovechada por el bando rebelde como arma de guerra para hacer ver al extranjero que la República era incapaz de controlar nada y que eran unos bárbaros; en cambio, ellos se presentaban como grandes defensores del orden y del buen hacer profesional. Por este motivo, el año 1937, el Comisariado de Propaganda de la Generalitat organizó en París una exposición sobre arte medieval que debía servir para mostrar a la comunidad internacional que no todas las imágenes que se publicaban sobre la destrucción del arte eran ciertas. No fue cosa fácil. La exposición fue todo un éxito de público, pero tenía otra finalidad, que era garantizar que en caso de bombardeo a las ciudades, como después sucedió, las obras de arte estuvieran seguras. Lo más difícil fue convencer a los profesionales de los museos europeos de que en realidad en Cataluña no todo el mundo era un vándalo y que en cambio había muchos profesionales y voluntarios muy sensatos.
Las autoridades tuvieron que luchar contra muchos frentes: además de proteger físicamente el patrimonio, tenían que convencer a los exaltados de que el arte era patrimonio de todos y tenían que hacerles ver que lo habían producido obreros de los siglos pasados. Durante siglos, el arte había sido mayoritariamente religioso, más que laico, y los ataques se dirigían contra los estamentos religiosos. Por ello, entre otras acciones, tanto el gobierno de la República como el de la Generalitat hicieron proclamas y editaron numerosos carteles en los que se intentaba destacar, por encima de todo, los valores artísticos. Así, por ejemplo: «Obreros de hoy respetad la labor de nuestros compañeros de ayer» o «No veas en una imagen religiosa más que el arte. Ayuda a conservarlo» o «Un objeto religioso puede ser al mismo tiempo una obra de arte. Consérvalo para el patrimonio nacional».
Las medidas para salvar el patrimonio en Granollers

Granollers es un reflejo de lo que pasó en muchos pueblos y ciudades. El primer patrimonio atacado fue el religioso, y no era la primera vez que esto pasaba: durante los hechos del 6 de octubre de 1934, dos bombas ya habían causado estragos en la puerta de la iglesia de Sant Esteve. El día 20 de julio de 1936 empezaron a quemar los primeros edificios de carácter religioso: el Centre Catòlic, la iglesia y la rectoría de Sant Esteve, las escuelas de Sant Josep, el convento de los Frailes Menores Conventuales y el convento de las Hermanas Carmelitas. El 21 de julio sufrieron la misma desdicha las capillas de los santos de barrio, y también diversas casas particulares, centros asociativos y políticos que se identificaban con la ideología de los sublevados, como la Lliga Catalana, la Lliga Tradicionalista, las casas de Can Pedrals, Can Puntas, Can Riera, Can Blanxart…
Las autoridades municipales, siguiendo las órdenes que daba el Gobierno de la Generalitat, el mismo día 21 de julio empezaron a aplicar medidas para salvaguardar el patrimonio. Así, hacían público un bando en el que se hacía saber que el saqueo de los edificios era un desmérito para la revolución y que quienes se dedicaran al saqueo, el incendio o el asalto de edificios o propiedades serían juzgados. De todos modos, lo que se había perdido ya sería irreparable.
El día 25 de julio de 1936, en la Comisión de Gobierno presidida por el alcalde Esteve Camillo, aplicando el decreto de la Generalitat del día 24, es decir, del día anterior, relativo a la conservación de edificios públicos u objetos patrimoniales del pueblo bajo la salvaguarda de las milicias ciudadanas, se procedió a encargar a las brigadas que recogieran aquellos objetos que encontraran abandonados, en peligro o en manos no autorizadas, y que en aquellos edificios en los que las puertas no se pudieran cerrar, se procediera a hacer tabiques.
Este mismo día, siguiendo la creación de las juntas de salvamento locales, se nombró al músico Josep Maria Ruera, como representante del Museo y con autorización del Ayuntamiento, para colaborar en aquello preceptuado en el decreto al que se refería el B.O. del día 24 relativo a edificios y objetos de patrimonio del pueblo. En este nombramiento se concretaba: «que todo aquello de importancia artística o arqueológica, que esté abandonado o sea susceptible de extraviarse, se deposite en el edificio del Museo. Las claves estarán en el Ayuntamiento. Y además se facilitará el inventario de los objetos existentes, de los depositados y las notas de lo que se vaya llevando». Así se comenzaría a recoger y poner en lugar seguro buena parte del patrimonio artístico que no había sido dañado.
Ruera había sido comisionado para el salvamento del patrimonio, pero necesitaría ayuda; una parte la proporcionaría el Comité, pero también contarían con la ayuda de voluntarios. Nos gustaría poder decir que tenemos noticia de todos los involucrados en las tareas de salvamento, pero a estas alturas no conocemos todos los nombres de las personas que desinteresadamente colaboraron. A veces, todavía en voz baja, algunas personas mayores de la ciudad manifiestan que su abuelo, su padre, su padrino… ayudó a salvar cosas de la quema, pero no siempre quieren revelar su nombre, ni a qué objeto en concreto se refieren. Desde estas líneas les queremos expresar nuestro agradecimiento, porque sin sus actos no habría sido posible que ciertos objetos llegaran a nosotros.
Sabemos, por lo que nos ha explicado el señor Esteve Velilla, que hizo de escribiente en la sede del Comité, que este facilitó un automóvil para poder transportar los objetos que recogían en las casas e iglesias de Granollers y de su entorno. Solían ir él, Salvador Mas, militante de la CNT, y otros milicianos de los que desconocemos los nombres, y a veces los acompañaban también Miquel Montagud y Antoni Vidal. También se sabe que artistas, intelectuales y personas vinculadas a la creación del nuevo Museo de Granollers que formaban parte de la Comisión del Museo fueron designadas para ayudar en estas tareas; entre ellos estaban Vicenç Albarranch y Francesc Serra. Parece, sin embargo, que los otros miembros que también formaban parte del Comité del Museo, ayudaron en las tareas de salvamento. En un artículo publicado en La Gralla bajo el título «El futuro Museo de Granollers» se explica una visita que hacen a los locales habilitados como depósito de los objetos artísticos, a pesar de que dice que de momento son almacén de piezas, y se habla de: «… el entusiasmo de Vicenç Albarranch, Miquel Montagud, Salvador Mas; Antoni Vidal, Hilari Brugarolas; Ramon Mestre y J. Casals, como así mismo de todos los que han ido a la búsqueda y captura de todas estas obras artísticas». Por lo tanto, mucha más gente de la que conocemos participaba en las tareas de recogida del patrimonio.
De Vicenç Albarranch sabemos que hizo numerosas gestiones para el salvamento de obras de arte que después le comportarían, tanto a él como a sus colaboradores, incluso penas de prisión. Entre estos hay que mencionar a Joan Xena, con quien fue a buscar imágenes a Castellterçol y a Santa Quitèria; Domènec Señé, con quien fue a la finca de los señores Mateu en Campins; el mencionado Hilari Brugaroles, el cual, si no fue encarcelado, fue porque se exilió. Según este último, Vicenç Albarranch se enfrentó a los milicianos que quemaban la iglesia de Sant Esteve de Granollers y fue amenazado y encañonado. También sabemos que Alfred Canal intercedió para salvar numerosas piezas artísticas.
Las obras de arte se depositaban en Can Ramoneda, pero como el espacio les quedó pequeño, se buscaron otros locales, y allí solo quedaron los elementos de metal, como las campanas, rejas y las piezas de orfebrería litúrgica que después serían fundidas, en algunos casos, en las fundiciones de Granollers, según testimonio de algunas personas de la ciudad. También recoge este hecho el granollerense Miquel Joseph, que participó activamente en el salvamento del patrimonio durante la guerra: «Dice que hay escasas piezas de orfebrería porque el comité decidió fundirlas». Tiene razón: en el pleno municipal del 26 de noviembre de 1936, «se acordó que los objetos de plata sean fundidos y se transformen en barras». Recordamos que los metales nobles tenían salida en el mercado y la economía de guerra necesitaba recursos. Los otros locales conocidos como depósito son la sede que el Orfeó Granollerí tenía en la plaza de la Corona y el edificio de la antigua prisión de la ciudad, que debía ser la sede del futuro Museo. Después del bombardeo del 31 de mayo de 1938, las piezas se trasladaron a Can Camp de Riells, como antes señalábamos.
Decíamos antes que a pesar de la destrucción causada al patrimonio al inicio de la guerra, el trabajo que se hizo para proteger y salvaguardar todo tipo de patrimonio se hizo con criterios y metodología museística.
El mismo Luis Monreal (alférez del Servicio de Recuperación Artística franquista) lo reconocía. En Granollers, se seguían las instrucciones dadas por la Generalitat, aplicando la normativa vigente de la Ley de conservación del patrimonio histórico, artístico y científico. El procedimiento seguido era el siguiente: una vez se personaban en cualquier iglesia, rectoría o casa particular, se hacía una relación de los objetos que se llevaban hacia los depósitos y también se hacían recibos; una vez en el depósito se registraban los objetos y se guardaban. Aunque tenemos constancia oral por lo que nos han explicado, por ahora solo tenemos conservados algunos recibos y, a pesar de la insistencia de Velilla para poder encontrar el inventario de 1936, de momento no ha sido posible. El mismo Ayuntamiento, en la Comisión Municipal Permanente, había acordado que se les facilitara el inventario de los objetos existentes, de los depositados y de las notas de lo que se fuera llevando para tener conocimiento exacto de todo. Por ejemplo, en noviembre de 1936, el alcalde daba cuenta de que estaban haciendo un inventario valorando las monedas y diversos objetos procedentes de registros de elementos facciosos y recogidos de las iglesias, el cual asciende a la cantidad de 5.862,25 pesetas. También se hacía eco de que los cristos que podían tener valor artístico, los habían entregado al Museo. Con todos los objetos recogidos se inauguraría el año 1938 el Museo de Granollers en Can Molina, casa requisada al inicio de la guerra y en la cual se decidió ubicar la nueva institución, porque reunía más condiciones que el antiguo edificio de la prisión.
De las notas justificantes que se emitieron el año 1936, se conservan algunas en el Museo de Granollers que demuestran lo bien hecho que se hizo el trabajo. Es el caso de la casa Recolons de Bellulla, en el término de Canovelles. En la nota consta que se deposita en Granollers, entre otras piezas, una virgen bizantina, una Mater Dolorosa, una pintura de sant Raimon… Al final de la nota dice: «…objetos que retiene este Museo como salvaguarda, dependiendo del Excelentísimo Ayuntamiento de nuestra ciudad el devolverlos si así lo cree oportuno. Granollers, 28 de julio de 1936. Firmado por el presidente de la Comisión del Museu Arxiu de Granollers i Comarca. J. M. Ruera».
De la casa de la viuda Puig se conserva tanto la nota de depósito como las hojas oficiales de retorno. También es el caso de la finca Soler de Sant Antoni de Vilamajor. Las piezas, mayoritariamente, entraron el año 1936, pero en el mes de agosto la revista La Gralla hacía saber, en una nota, la entrada de los retablos de los Vergós procedentes de la iglesia de la Doma de la Garriga:
Pueblos de la comarca El tesoro artístico no está perdido del todo. La junta del Museo viene trabajando todos estos días para salvar, con destino al patrimonio del pueblo, el tesoro artístico y arqueológico que era patrimonio de la iglesia. Sabemos que han sido salvadas y están a buen resguardo las pinturas de Vergós que engalanaban la capilla de la Doma, de La Garriga, y que también ha sido hecha la incautación, con destino al Museo, del sagrario, la custodia y la cruz gótica de la que fue iglesia parroquial de nuestra ciudad, así como se ha podido salvar una parte del púlpito, todo de gran valor artístico y arqueológico.
La salvaguarda no paró en toda la guerra, porque en julio de 1938 tenemos constancia documental de que se fue a buscar unos retablos a La Roca y se conservan las notas de los gastos que este acto ocasionó.
Las vicisitudes del patrimonio histórico y arquitectónico granollerense
Como antes señalábamos, los edificios más atacados fueron los religiosos, pero también se requisaron casas de propietarios que habían tenido que marcharse porque su vida corría peligro o porque encontraban que eran muy grandes y allí cabía mucha más gente que una sola familia. También los edificios de las asociaciones de ideología conservadora y contrarios a la revolución fueron decomisados y dedicados a nuevos usos, como escuelas, sedes de partidos y sindicatos y sobre todo a acoger refugiados del Estado español. Estos edificios, sin embargo, solo sufrieron la transformación y la adaptación a los nuevos usos y, en general, a pesar de que algunos fueron atacados, no sufrieron las consecuencias de las quemas que sufrieron los edificios religiosos, pero en cambio del mobiliario, de los libros, de las imágenes religiosas y de los objetos personales, no se salvó nada. La Junta de Salvaguarda, en cuanto a este tipo de patrimonio, cuando había rescatado los objetos artísticos de las casas y no se preveía que nadie las utilizara, tapiaba puertas y ventanas para evitar que alguien pudiera acceder. Así lo explicaba el señor Velilla. En cambio, si se podía aprovechar para otras finalidades, entraba en una lista para ver su disponibilidad.
En cuanto a los edificios religiosos que habían sido incendiados, una vez acabada la guerra la mayoría se pudieron restaurar, pero no su contenido, que ya se había perdido irremediablemente. Un caso excepcional fue el de la custodia gótica de Sant Esteve: no es que se recuperara, sino que una vez acabada la guerra se hizo una nueva siguiendo las fotografías conservadas, ya que
el original se fundió para aprovechar el oro. Para construirla se contó, como tantas otras veces, con las aportaciones de la gente de la ciudad, en ocasiones aportando las únicas joyas que quedaban en las familias. En cuanto a los inmuebles, se restauró la iglesia de los frailes de Nuestra Señora de Montserrat, la del convento de las Hermanas Carmelitas, la de Sant Julià de Palou… En el caso del convento de las Hermanas Josefines, reconvertido durante la guerra en el centro escolar Pi i Margall (con una intervención del arquitecto Marià Lassús), las obras fueron mínimas y afectaron solo a la capilla.
La capilla del convento de Sant Francesc, que había perdido la cubierta y todo el interior, debería esperar al año 1955, cuando se creó la fundación Pere Maspons i Camarasa, para empezar su rehabilitación y un año después se inauguró.
En cuanto a las capillas de las antiguas murallas, sufrieron una suerte desigual. No todo se perdió como consecuencia de la guerra, sino por falta de sensibilidad y aprecio hacia el patrimonio histórico de la ciudad. La de Santa Anna continúa en el mismo lugar donde fue trasladada en el siglo XIX. La de Sant Roc se perdió como consecuencia del bombardeo del 31 de mayo de 1938, que afectó a los edificios de la calle de Anselm Clavé. Después se volvió a ubicar en el edificio que se construyó, pero en los años setenta se perdió definitivamente por las dificultades económicas de la Iglesia, que renunció a los derechos de propiedad e hizo una permuta con los propietarios vecinos. A la de Sant Cristòfol le pasó lo mismo y después fue derribada el año 1974 para construir un bloque de pisos. La capilla de los Santos Médicos, según explica Antoni Gallardo en un anexo de su libro Del Mogent al Pla de la Calma, fue quemada y derruida, y quedó en pie solo la parte de la escalera y la entrada lateral. Es curioso que nadie más se haga eco de estos hechos.
Sin duda, los edificios de la plaza de l’Església fueron los que resultaron más afectados por los incendios y la destrucción del año 1936. Sirva como ejemplo de lo que pasó la desaparición de la escuela de los Hermanos de la Doctrina Cristiana de Sant Josep, el Centre Catòlic y la iglesia de Sant Esteve.
El Centre Catòlic, una vez incendiado, siguiendo la tónica de los otros edificios de la plaza de l’Església, después se desmontó y se llevaron las vigas de hierro para utilizarlas en edificios municipales (recordemos la falta de material de todo tipo para construir). Hubo quejas en el Pleno Municipal, no por el derribo en sí, sino porque el problema era que sin las vigas no se podía cobrar el seguro. El Comité acabó arreglándolo y procedieron al pago.
Acabada la guerra, el local del Centre Catòlic se instaló en el Cafè Nou de la plaza Maluquer, que había sido la sede de l’Alhambra, otra de las entidades culturales recreativas activas desde finales del XIX.
La iglesia de Sant Esteve, juntamente con el Centre Catòlic, es el edificio que mejor simboliza lo que pasó en 1936 y el que resultó más afectado. Después de ser incendiada dos veces, porque según explican con la primera quema no se quemó todo y algunas personas, conscientes de la importancia artística de las piezas, intentaron salvar algunas. Este hecho provocó la reacción de algunos exaltados y, con la segunda quemadura, se perdió casi todo, tal como se explicaban los hechos en La Gralla: «desvaneciéndose toda posibilidad de salvar del incendio el púlpito de gran valor arqueológico para el cual el comité revolucionario había dado todas las facilidades a los componentes de la junta del museo». La gente de la ciudad suele atribuir estos actos a elementos venidos de fuera de la población, mientras que otros dicen que ellos los conocían bien, pero volvemos a estar como antes señalábamos: todavía no quieren explicarlo del todo, y teniendo en cuenta la edad de estas personas, es información que perderemos para siempre y no podremos conocer de primera mano su punto de vista.
La destrucción de la iglesia de Granollers
Lo peor, sin embargo, todavía tenía que llegar. A finales de 1936 se comenzaría el derribo de la iglesia. Tal como se refleja en las actas del Pleno Municipal, en referencia a la demolición del edificio, el concejal Soldevila exponía que obreros sin trabajo que comían en los comedores populares se habían ofrecido a trabajar, y consideraba que también podrían ayudar los obreros del ramo de la construcción en el derribo de la iglesia. Hay diversas razones por las que la iglesia acabó así. Iniciado el conflicto bélico, muchos hombres estaban parados forzosamente porque se habían paralizado las obras, se habían cerrado las tiendas, algunas industrias, etc. A los comités, sindicatos y colectividades de albañiles no se les ocurrió ninguna idea mejor que, ya que estaban parados y mientras no iban al frente o tuvieran otros trabajos, derribaran los edificios religiosos. Así solucionaban dos problemas a la vez: dar trabajo a los obreros y eliminar símbolos de opresión contra el pueblo trabajador vinculados a la Iglesia.
Viendo la determinación que llevaban la CNT y FAI de derribar edificios religiosos en muchos pueblos y ciudades, el Gobierno de la Generalitat publicó un decreto el 14 de octubre, en el que «determina que no podrá ser derribada en el territorio de Cataluña ninguna obra de arquitectura civil y religiosa anterior a la segunda mitad del siglo XIX, sin autorización especial del conseller de Cultura de la Generalitat». La Generalitat, además, intentaba dar usos diversos a los edificios religiosos antes de que fueran derruidos y que se perdieran para siempre. El Ayuntamiento podía buscarles un nuevo uso civil y solo había que ponerlo en conocimiento de la Sección de Monumentos de la Generalitat. Esto no evitó del todo la desaparición de algunos monumentos religiosos, la mutilación o la restauración inadecuada de edificios civiles y monasterios confiscados o la destrucción total, como es el caso de Granollers.
Parece que a pesar de que ya habían comenzado las obras de derribo, se personó en Granollers Jeroni Martorell, jefe del Servicio de Museos de la Generalitat, para que la demolición no se hiciera efectiva. En su informe recomendaba conservar la nave y el campanario gótico; decía así: «Habiendo hecho una inspección a la iglesia indicando la conveniencia de dejar sin derribar la nave central y el campanario, lo cual pone en consideración de la corporación». El Ayuntamiento decidió que dada la situación del edificio después de ser incendiado, no reunía condiciones para mantenerse en pie. Así lo explicaba el concejal Rosell en el Pleno Municipal: «Después de deliberar es acordado que dados los estragos que causó el fuego, no es factible de dejar la propuesta por el arquitecto Jeroni Martorell». (Se refiere al edificio gótico.) La realidades que no quisieron, porque Martorell y los otros que pedían que no se derribara, no decían que estuviera tan dañada, como también se puede ver en las primeras fotografías realizadas después de los hechos. Los motivos se explican bien claro, como veremos más adelante.
Miquel Joseph relataba en su libro sobre el salvamento del patrimonio: «La iglesia de Sant Esteve de Granollers después de ser incendiada fue derrocada para dar trabajo a los parados del ramo de la construcción. El arquitecto jefe de servicios de Monumentos de la Generalitat, señor Martorell, enterado de la demolición del templo, se trasladó a Granollers con el propósito de evitarlo. Todo fue inútil. Yo también, antes, ya había tratado de disuadir a quienes “trabajaban” con tanto afán en la destrucción del templo gótico; en vano. El arquitecto Martorell consiguió la autorización para hacer unas cuantas fotografías exteriores, desde diversos ángulos, especialmente del campanario, que gracias a nuestra insistencia consintieron en dejar en pie». Él mismo explicaba que también se salvaron «algunos fragmentos de los relieves de madera policromada del púlpito (siglo XV), y otros del retablo barroco de la capilla del Roser fueron salvados por el pintor Vicent Albarranch y conservados en el museo».
Lo que se salvó en realidad es un púlpito pequeño, no del siglo XV, como dice Joseph, sino de 1703, como consta grabado en la peana de la Mare de Déu, pero que seguía la línea estilística del púlpito gótico de la nave central. Se trata de dos tablas que había en la entrada de la capilla del Roser, porque el púlpito de factura gótica de la nave central desapareció con el incendio. Actualmente, el púlpito pequeño está en el Museo de Granollers, igual que las ménsulas y los capiteles de piedra esculpidos que se rescataron de las ruinas. Del resto de la obra gótica solo queda el campanario; se perdió así una buena representación del arte gótico del siglo XV en nuestras comarcas.
En el periódico Orientaciones Nuevas justificaban así con cinismo el derribo de la iglesia, como muestra de su «antifascismo»:
«¡Esta sí que es obra de ir, cara a la guerra, al aplastamiento del fascismo! Obra sin arengas, sin ruidos chin chin, sin especulaciones partidistas! Como la demolición de ese vetusto caserón de la iglesia doctoral de Granollers, donde la clericalla tenia su covacha y asiento; centro de conspiración contra el librepensamiento; centro de corrupción de menores, por medio de la confesión auricular en los Confesionarios.
La piqueta purificadora de nuestros camaradas ha reducido a escombros ese centro de maldad, y, según planes municipales, se abrirá una plaza amplia, hermoseada con jardines, para recreo de la juventud y reposo de la vejez. La demolición ha sido realizada por los albañiles y peones francos de servicio de! trabajo cotidiano colectivizado. Obras como ésta quedan perennes, honran las Colectividades que las realizan, máxime como esta que tuvo efecto por el trabajo voluntario de los colectivistas de la construcción. El Consejo de Empresa no ceja en sus propósitos. No basta combatir el error, destrozar sus efectos. Hay que eliminar las causas que los motivan.»
La aviación fascista no derribó la Iglesia de Granollers
El derribo de la iglesia de Sant Esteve de Granollers forma parte de los episodios de la guerra que han tenido peor transmisión a las generaciones posteriores a los hechos. Muchos mantienen que la iglesia gótica había sido bombardeada por la aviación fascista. Es evidente que no fue así y que en la demolición del edificio trabajó la población de Granollers, y de esto solo son conscientes algunos ciudadanos. Las consecuencias de una guerra, todos sabemos que son nefastas, pero lo que no se puede hacer es tergiversar la realidad de esta manera para confusión de las generaciones que siguen.
Acabado el conflicto, el obispado de Barcelona hizo una encuesta para saber el estado del patrimonio eclesial. Sant Esteve de Granollers, que estaba en ruinas, tenía unos daños valorados entre uno y dos millones de pesetas. También constan detallados todos los retablos quemados, un total de 13, con su valor artístico. Entre otros, se mencionan el de la Virgen del Roser, de estilo renacentista del XVII, el de Santa Llúcia y el de Sant Isidre, barrocos del XVIII. El número de imágenes quemadas era de 31, y de gran valor artístico y de especial devoción popular la Virgen del Roser del siglo XVII y una talla barroca de Sant Isidre del XVIII. También habla del púlpito gótico provenzal del siglo XVI y de que una parte del que había en la capilla del Roser estaba en el museo. También menciona que la reja de hierro de la puerta románica «se encuentra depositada en el museo». Por lo visto, algo pasó con esta reja, porque a pesar de que estaba depositada allí no ha llegado a nosotros. El patrimonio religioso no siempre sufre por las guerras y los incrédulos.
La construcción de la nueva iglesia de Sant Esteve en Granollers
Acabada la guerra, el arquitecto J. Boada Barba hizo un par de proyectos para construir una iglesia de nueva planta. A pesar de que ellos hablan de reconstrucción, aparte del campanario no se podría rehacer nada más. Las obras comenzaron el año 1941, con muchas dificultades a causa del estado de la ciudad y la escasa economía de la posguerra. Se inauguró el año 1946, sin estar acabada del todo por falta de recursos. La revista Vallés se hacía eco del acto y decía que se había podido inaugurar «debido a las aportaciones voluntarias de una gran parte de nuestros ciudadanos, pero sin las subvenciones de nuestro ayuntamiento no hubiera llegado a feliz término; éstas alcanzaron la suma de 371.648 pts». En la prensa del momento se pueden seguir las batallas dialécticas para que la gente colaborara en la construcción, sin tener presente la realidad de la ciudad. Otro tipo de patrimonio que desapareció durante la guerra fue el que conmemoraba hechos militares con los que la población no había estado muy de acuerdo; es el caso del monumento a las víctimas de la guerra de África, que se había inaugurado el año 1929 con la asistencia de las autoridades civiles y militares del momento y el rey Alfonso XIII. En esta guerra se enfrentaron las tribus del Rif contra las autoridades coloniales española y francesa. Las tropas que se enviaron eran de reemplazo y muchos de los jóvenes de buena familia se pudieron escapar pagando a alguien más para que fuera en su lugar; así se entiende que a la mayoría de la población no le hiciera ninguna gracia recordar que quienes murieron eran mayoritariamente hijos de obreros.
De esta manera se entiende que fuera un monumento mal visto, sin tener presente ningún criterio ni valoración artística. El autor de la obra era el escultor Vicenç Navarro y la plaza la remodeló Manuel J. Raspall. Actualmente la Victoria que coronaba el monumento, a petición de un grupo de ciudadanos, está situada en la entrada del cementerio, y el resto del monumento está en los almacenes del Museo. La revista La Gralla reproducía de esta manera tan hispanofóbica el derribo del monumento: «Anteayer comenzaron las obras de derribo del monumento que en los días oprobiosos de la primera dictadura militar fue levantado en la plaza de Àngel Guimerà en homenaje al coronel de mala memoria que, llevado de su rabia a Cataluña, llevó a la mujer a parir fuera de nuestra tierra para no tener un hijo catalán. Las figuras del monumento, obra del escultor Vicenç Navarro, pasarán a enriquecer el Museo del pueblo y en el lugar de la cantera hay el proyecto de construir una fuente pública que no prive de la perspectiva a nuestra vía principal».
El bando republicano expropia forzosamente docenas de edificios
Después de los primeros incidentes provocados por el estallido de la guerra, las autoridades, como ya hemos señalado, intentaron frenar estos actos y una de las medidas aplicadas fue la confiscación de algunos edificios particulares y de entidades, bajo órdenes del Comité «Antifascista». Los edificios propiedad de personas o de organizaciones de derechas fueron los primeros en ser requisados, en general con criterio artístico, ya que también eran los edificios más significativos de la ciudad. Otras razones que justificaban la confiscación eran que necesitaban los locales para mejorar los servicios a la ciudad y también para organizar la lucha contra «el enemigo del pueblo». En muchos casos los propietarios no estaban en la ciudad, pero en otros casos sí.
La utilización de estas casas por parte de los partidos y sindicatos no fue fácil, y después de las primeras adjudicaciones algunas sedes fueron cambiadas. La revista La Gralla explicaba que se confiscaron las propiedades de Paulí Torres, Sindicato Obreros Metalúrgicos; Can Puntas, Sindicato de la Construcción; Casa Carrencà, Sindicato Fabril y Textil; Can Vilaró, comedores populares; Casa Ramoneda, Comité revolucionario; Casa Viuda Rius, POUM; Can Ganduxer, Sindicato Obreros del ABC; Can Pedrals, Juventudes Libertarias; Casa Molina, servicios sanitarios; Can Recolons, colonias escolares y sanatorio infantil. A pesar de esto, las utilidades de las fincas cambiaron, como por ejemplo en Can Ramoneda (obra del arquitecto F. Mariné. 1902), donde también se instalaron la CNT y las Juventudes Libertarias, o el Casino, donde se ubicaron la UGT y el PSU, y al comienzo la Casa del Pueblo. A lo largo del conflicto, también fueron ocupadas Can Riera, el Centro Radical, donde se instaló el Sindicato Único de la Construcción. En la casa Molina, finalmente se ubicó el museo, a pesar de que se había pensado para hacer colonias, ya que tenía un gran jardín. En Can Recolons, en la vecina población de Canovelles, se instaló el hospital Gernika.
Muchas veces se explica que durante la guerra los edificios que fueron confiscados se entregaron a partidos, sindicatos y personas particulares a cambio de nada. Jacint Jordana, cuando habla de la municipalización de la vivienda en Granollers, recoge las normas que regían las propiedades municipalizadas y, como se puede comprobar, no todo era gratuito; se regulaba absolutamente todo y se pagaba alquiler.
Una vez acabada la guerra y recuperadas las fincas por sus propietarios, hemos podido ver en las declaraciones juradas de 1939, hechas para intentar ser indemnizados, que en general solo sufrieron la adecuación a otros usos. Es decir, por ejemplo las casas que se dedicaron a alojar refugiados del Estado español, como Can Pineda, Can Serra de la calle Ricomà, Can Sanpera (obra del arquitecto Albert Juan Torner, 1912) de la calle Corró, Can Mayol de Palou… Sirva como ejemplo lo que argumentan los propietarios de Can Ganduxer (obra de Alexandre Soler March, 1912) de la calle Joan Prim, que se quejan de que habían roto diversas cosas en el interior, o los del número 17 de la misma calle, que fue ocupado por un sindicato, que decían que se tenían que rehacer tabiques y cristales, con un coste de 1.000 pesetas, pero en general las casas modernistas y noucentistes de la ciudad no sufrieron agresiones graves.
El final de la guerra, para muchas asociaciones y entidades culturales de izquierdas, supuso la pérdida del patrimonio, las propiedades y las sedes, ya que desde el punto de vista del nuevo gobierno encarnaban todos los males. El caso más significativo sería el de la Unió Liberal, donde se instaló la sede de la Falange. Nunca se ha devuelto a sus legítimos propietarios y las argucias utilizadas por el nuevo gobierno para quedarse el local no son dignas de una institución cultural de tanta importancia para la ciudad. El año 1970 el Ayuntamiento inició los trámites para la municipalización del local de la Unió Liberal. El año siguiente se tomó la decisión de derribarlo, y se perdió así un referente cultural y político de la ciudad y un buen ejemplo de arquitectura de finales del XIX y de principios del XX. En 1976 se inauguró el actual Museo de Granollers.
Después de la guerra en Granollers
Las tropas entraban en la ciudad de Granollers el 28 de enero de 1939. La ciudad estaba en un estado lamentable; había sufrido cuatro días de bombardeos, los incendios de 1936 y la política de tierra quemada de los republicanos cuando se marchaban en retirada. En la Relación de daños y perjuicios causados por la guerra en esta ciudad, hecha el año 1939, constan 233 entradas nominales de casas, más 83 más de daños causados a tiendas, empresas… Los estragos son muchos y afectaron de manera desigual a los edificios, pero no deja de ser significativo para ver el estado de la ciudad. Esto no quiere decir que todos los inmuebles tuvieran la categoría de patrimonio arquitectónico artístico, pero son datos a tener presentes para ver qué supuso todo esto para los granollerenses y por qué muchas de las propuestas de construcción de edificios que se querrían llevar a cabo se alargarían en el tiempo.
Con este panorama era difícil empezar cualquier cosa, sobre todo teniendo presente la falta de recursos económicos y materiales. Por eso construir edificios y objetos de calidad artística quedó aplazado. El edificio de La Porxada sería uno de los pocos ejemplos que podríamos citar de edificios que tuvieron la suerte de ser reconstruidos enseguida. La antigua lonja de grano fue afectada en el lado sureste por el bombardeo del martes 31 de mayo de 1938, y en los años cuarenta sería rehecha, en parte gracias a la donación que hizo Mercedes Mateu Pla de una viga de hierro que permitió comprar madera para rehacer la cubierta. Esta familia, originaria de Llinars, eran industriales del hierro y tuvieron una ascensión social y cultural reconocida en el ámbito estatal. Los objetos de su finca de Campins fueron depositados y custodiados en el Museo de Granollers y los recuperaron después de la guerra.
Las primeras medidas edificatorias irían destinadas a rehacer las iglesias. Por eso las nuevas autoridades se llenaban la boca con grandes eslóganes y hacían numerosas arengas para que la gente colaborara en la reconstrucción, ya que habían sido quemadas y asaltadas por los marxistas, bolcheviques… Dando un vistazo a los números extraordinarios de las revistas Ciudad de Granollers, editada el mismo año 1939, y Estilo. Semanario del Falangismo Vallesano, del año 1940, el lector también puede sacar una buena imagen de lo que se considerará la reconstrucción de la ciudad de los daños ocasionados por las hordas rojas. Dentro de estos estragos se cuentan todos los ocasionados por la aviación fascista, que no eran precisamente rojos, y así se empieza a crear confusión sobre las autorías de los hechos. La Porxada, bombardeada por la aviación legionaria italiana, pasará a ser víctima de la resistencia roja. En Estilo, se puede leer un pie de foto del edificio que dice: «La Porxada, símbolo del Granollers comercial y productor, se levanta más esbelta, depurada de aquellos elementos superpuestos que la afeaban (persianas, verjas, etc.). Rendimos el homenaje de nuestro recuerdo a aquellos ciudadanos que bajo su techo cayeron, sin pena ni gloria, víctimas de la criminal resistencia roja.». De Can Carbó, decían que había sido incendiada por los rojos, y es verdad, pero no dicen que primero fue bombardeada, y lo mismo se repite cuando hablan de las casas de la calle Josep Anselm Clavé. Podríamos hacer una larga enumeración, pero sirva esto como ejemplo.
También, sin embargo, dedicaban sus esfuerzos a la construcción de un nuevo lenguaje al servicio de la ideología franquista, con construcciones monumentales destinadas a exaltar el patriotismo y los valores del movimiento. La recopilación de frases extraídas de los manifiestos de los arquitectos y nuevos mandos sería inacabable; como muestra, la opinión de un miembro destacado.
Según decía Serrano Suñer, la reconstrucción debía ser moral. «Y es que la nación tenia cuerpo y alma, y la labor de los arquitectos y urbanistas que estrenaban los tiempos de paz debía ser la de erigir un continente material en el que pudiesen encarnar los valores genuinos de la verdadera España; en definitiva, la de construir el soporte físico en el que habría de tener lugar la renovación moral y espiritual de una nueva patria.». Se debía hacer un continente en el que pudieran caber todos los valores espirituales que constituían la gloria del pasado y los anhelos de futuro, y que sintetizara el espíritu del Movimiento. Se debía volver al imperio español que había sido anteriormente.
Un hecho que corrobora este afán de grandeza sería que antes que rehabilitar la ciudad para los ciudadanos, el primer proyecto que se propuso fue un monumento a los Caídos para homenajear a las víctimas de la guerra, es decir, como sabemos, las víctimas de su bando, no todas. Se realizaron dos proyectos diferentes, ambos obra de J. Boada Barba: uno el año 1939, con todos los elementos necesarios de exaltación, de dimensiones descomunales, y otro más sencillo el año 1943, que tocaba más de pies en el suelo y que sería el que finalmente se llevaría a cabo, pero que no sería inaugurado hasta 1952. Habían pasado unos cuantos años, había costado un gran esfuerzo y muchas discusiones y exhortaciones a la población para que se construyera dicho monumento.
Así describía la prensa local, el año 1943, lo que debía ser un monumento de este tipo que ya llevaba unos cuantos años de retraso:
«El monumento a la gloriosa gesta ha de ser de líneas severas y majestuosas en su conjunto… han de aparecer, en el mismo, reflejados los ideales de Nuestro Movimiento: DIOS Y PATRIA…Sentimiento religioso, representado por la Cruz que corona al Monumento, y por el altar que aparece en su parte inferior. El fervor patriótico representado por el símbolo de la FALANGE: el yugo y las flechas, y las banderas Nacional y las de la Falange y Requetés, que, emplazadas un poco más abajo que la CRUZ, parecen dar guardia permanente bajo luceros…/ y para que siempre y en todo momento recordemos a nuestros caídos, por estos dos grandes ideales de Dios y de España, resulta adecuado colocar en el interior de este monumento, pero de forma que sea visible desde el exterior, la llama Divina, que parece contestar con el grito de PRESENTES, nuestra llamada a los que sucumbieron por salvar España.»
Este monumento fue desmontado al inicio de la transición, porque no representaba a todas las víctimas de la guerra. Actualmente en el cementerio hay un espacio dedicado a las víctimas de los bombardeos de 1938 y de 1939 y también a todas las víctimas de las guerras. No obstante en el cementerio de Montcada i Reixac, donde yacen en una fosa común cientos de víctimas de los independentistas de Granollers no hay ninguna placa que lo señalice.
En Granollers, las tropas franquistas entraron en la ciudad el 28 de enero de 1939 entre aplausos de aquellos que habían vivido bajo el terror de las milicias republicanas, especialmente los católicos, que eran mayoría en el municipio. De hecho se formó una milia de 200 hombres que crearon la milicia del Montseny, que estuvieron ocultos en el bosque durante los tres años de guerra. Una vez constituida la primera gestora, el nuevo ayuntamiento, desde los primeros plenos municipales, ya tomó medidas para el retorno de las obras. No se cansaron de repetir que las hordas rojas habían destrozado el patrimonio y no habían dejado nada. En el pleno municipal del 7 de marzo se decía que se tenía que dar las gracias a Can Camp de Riells, «por el interés con que guardaron las obras del museo que tenían en custodia».
Las contradicciones entre las afirmaciones que hacen públicamente y sus resoluciones son constantes, y tampoco coinciden siempre con lo que pasó en realidad. Se supone que aquellos que ellos consideraban vándalos y poco cuidadosos con el patrimonio habían hecho bien las cosas. Tampoco dicen, sin embargo, que las obras tienen que ser evacuadas para protegerlas de los bombardeos que sufre la ciudad. Aquel mismo día confirman a Montagud en su cargo: «exponen la situación del Sr. Montagud, que ha sido el que con un celo sin igual, ha procedido a la organización y catalogación del Museo de esta ciudad y se acuerda comunicar… que continúe la catalogación de las obras si no está terminada y que quede como director del museo». Reconocen así que durante la guerra se ha hecho una buena labor.
En uno de los plenos municipales celebrados el mes de febrero el alcalde manifiesta que primero se debería hacer una relación completa de los objetos recogidos y abandonados y, después, devolverlos a quien acreditara ser el propietario. A raíz de los conflictos creados por la reclamación de un mismo objeto por parte de dos propietarios, el alcalde vuelve a manifestar que se tiene que hacer un inventario. Recordamos que el año 1936 ya se había hecho una relación de todas las piezas que habían ingresado en el museo, una relación que de momento no conocemos. También se hacía público un comunicado en aplicación de una orden del Ministerio de Educación Nacional con fecha del 18 de enero, que se iba aplicando a medida que caían las ciudades a manos de los rebeldes, para que todo el mundo que lo deseara pudiera ver por última vez los objetos que estaban expuestos en el museo hasta el 2 de mayo y después serían devueltos. Una vez hecho el inventario (recordemos que aquí ya se trabajaba), se acordó la imposición de un arbitrio en concepto de los derechos de custodia de los objetos artísticos. Volvemos a las contradicciones: si consideran que el gobierno republicano ha obrado mal con la salvaguarda, ¿por qué ahora reclaman a los legítimos propietarios la guarda y custodia de los objetos artísticos?
Muchos objetos expoliados se consiguieron recuperar, y los que no fueron reclamados (en muchos casos porque sus dueños fueron fusilados por los republicanos) pasaron a formar parte del fondo del Museo de Granollers, lugar donde todavía continúan. Es verdad que, dada la confusión inicial de la guerra, había piezas que muchos propietarios no sabían si se habían salvado o no; además, la difusión de según qué informaciones tampoco ayudaba. Por otro lado, como muestran algunas cartas, a pesar del aviso que les enviaban, los propietarios no siempre acudían a buscar sus piezas. Algunos propietarios y la misma Iglesia pensaban que algunas de sus obras habían desaparecido y que no habían llegado al Museo porque por el camino habían sufrido daños, o habían sido robados o quemados. De esta manera no se reclamaba. Antoni Gallardo, en su libro Del Mogent al Pla de la Calma, incorpora un anexo donde relaciona el patrimonio que han perdido algunos municipios, a pesar de que dice que, dadas las circunstancias no es definitivo y que supone que saldrán imágenes escondidas (tal como sucedió). Hay cosas que se darán por perdidas cuando en realidad estaban depositadas en el Museo de Granollers. Al cabo de muchos años y de investigaciones de los estudiosos, se ha podido ver que hay cosas que todavía se conservan, por ejemplo uno de los retablos de Sant Pere de Vilamajor.
El inventario del año 1939
El Museo de Granollers conservaba un álbum de fotografías de las piezas expuestas en la casa Molina, que parece que inicialmente estaba depositado en la antigua Hemeroteca Josep Móra. En cada hoja y cada foto había números de registro y de cliché, pero no había ningún inventario con el cual relacionarlos. Alrededor del año 2003, el señor Esteve Velilla, que cuando era joven había ayudado a hacer el inventario de 1936 y también había participado en la recogida de los objetos artísticos, consiguió una copia del inventario hecho por Miquel Montagud el año 1939, y así se pudo ver que el álbum de fotos y dicho inventario encajaban perfectamente. El señor Montagud fue conservador del Museo de Granollers y profesor de dibujo, en los años cuarenta se marchó a dar clases a Terrassa y después a tierras tarraconenses, y acabó sus días retirado en Cabacés. La insistencia de Esteve Velilla en que Montagud debía saber algo del inventario hizo que este se desplazara a dicho pueblo y que entre sus pertenencias se encontrara el inventario del que hablamos. El 2013, Joan Robles, director del Museo de Cabacés y heredero del legado de Montagud, hizo donación al Museo de Granollers de dicho inventario, que ha sido una herramienta muy importante para conocer de primera mano qué se hizo del patrimonio salvaguardado durante la guerra y del trabajo profesional que se hizo, a pesar de no poder evitar los destrozos iniciales.
Tal como dice el encabezamiento del documento, en este inventario constan: «los objectos de Arte (cuadros, esculturas muebles, vidrios, cerámica, hierros… depositados en el Museo-Archivo de Granollers y de su comarca desde el día 18 de julio del 1936, hasta el día de la fecha [es decir el 13 de julio de 1939, tal como consta a la firma], de los que se hace cargo, para su custodia, conservación, catalogación y entrega, el Servicio de Defensa del Patrimonio Artístico Nacional del Ministerio de Educación Nacional».
En el inventario hay registradas unas 7.797 entradas y algunas más en hojas anexas. Las obras proceden de Granollers y de los pueblos y parroquias de la comarca. Están numeradas por lotes (el número 1 procede de la iglesia parroquial de Sant Esteve de Granollers) hasta llegar a 63 lotes. Se encuentran tanto piezas procedentes de las iglesias como de las fincas particulares: de Granollers, además de Sant Esteve, constan Can Ramoneda, Can Gatell, la casa Antoni Puig, la casa de Assumpció Molina, la casa Puntas y la casa Ricart de los Marqueses de Santa Isabel (Valldoriof); de Santa Eulàlia de Ronçana, la casa Bot; Casa Flaquer e iglesia de Samalús, Sant Pere de Vilamajor y Sant Antoni de Vilamajor, Can Recolons y Can Pagés Vell de Canovelles antiguo convento de Bellulla, Castellterçol, del manso Calders de Montornès, Santa Agnès de Malanyanes, y de La Roca, de la finca «la Moguda» (ahora Santa Perpètua i la Mogoda), la torre de Marata, de Sant Feliu de Codines, la finca Campins de Mercedes Mateu, la casa Taberner de Vallromanes, la capilla del Barnils de Sant Quirze Safaja, Can Draper de L’Ametlla, Manso Villalba de La Roca; Can Cortés, casa Llibre, casa de los condes de Bell-lloc y el ayuntamiento de Cardedeu, casa Nualart de La Garriga. También hay diversos lotes con procedencia desconocida, lo cual es una lástima.
Como hemos dicho antes, muchas de las piezas fueron reclamadas y devueltas a sus propietarios. En el fondo del Museo de Granollers quedaron las que nadie reclamó. Curiosamente, las que tenían más valor artístico fueron recuperadas, pero a pesar de esto todavía hay dignas de ser consideradas de destacado valor artístico. Es evidente que la guerra fue un desastre en todos los sentidos, pero como se puede ver siempre hubo personas dispuestas a hacer bien las cosas.








1. Els comitès no eren gent d’ERC, sinó anarquistes de la CNT i la FAI.
2. La Generalitat i els ajuntaments, governats per ERC, s’oposaven als enderrocs, però havien perdut el control efectiu de la política i es veieren obligats a pagar-los, com per exemple a Manresa.
3. Un historiador de l’art no parla d’obres bizantines, sinó romàniques en el context del nostre país, Catalunya.
4. Un historiador/a ha de ser una persona objectiva que mostra dades i mai, mai, la seva opinió mitjançant desprecis i perjuris. Això et converteix, de facto, en algú a qui no se li ha de fer cas perquè es meu per les seves frustracions i la seva ignorància i no pas per les dades.
5. Feia temps que no llegia tantes mentides en un sol document.
De res. Visca Catalunya lliure. Español llengua invasora.
1. Negar que el genocida de Lluís Companys repartió armas entre los militantes de ERC para que las utilizaran a su antojo es negar la evidencia.
2. Son literalmente miles las iglesias y conventos quemados en Cataluña, todo el que tiene un mínimo de conocimientos sabe que ERC estuvo activamente a favor de ello.
3. Cataluña es una comunidad autónoma, jamás ha sido un país independiente. Negar que hay obras bizantinas en Cataluña es simplemente ignorancia.
4. Un individuo que dice «Un historiador/a ha de ser una persona objectiva que mostra dades i mai, mai, la seva opinió mitjançant desprecis i perjuris» y acto seguido dice «Español llengua invasora.» se califica solo. Le guste a ese tipejo o no le guste el español se habla en Cataluña desde hace 500 años y de hecho es la lengua ampliamente mayoritaria entre los catalanes de todas las edades y todas las clases sociales. Ese odio ignorante tiene un nombre: hispanofobia.