En estos día que se cumplen cinco años de reinado de Felipe VI, y nos viene a la memoria su discurso del 4 de octubre que desarticuló el golpe de estado catalán.


La prensa, las tertulias y los telediarios han estado llenos de referencias al rey, por eso no nos extrañó que nuestro viejo marino, esta mañana, nos sacase el tema en nuestro desayuno:

—Estamos viviendo un tiempo convulso en el que se han roto muchos esquemas y principios que han presidido estos años y que nos han permitido alcanzar la época de desarrollo y progreso más fértil, de los últimos tiempos de este país; aunque desde determinados círculos se empeñan en vendernos una realidad muy distinta. Los conflictos reales o inventados, las mentiras, la quiebra de valores y de las bases de convivencia han hecho muy difícil la gestión del jefe del Estado en este periodo.

—Uno de los ejemplos más contundentes fue el discurso que tuvo que pronunciar el 4 de octubre pasado —siguió nuestro marino—, cuando un gobierno vacilante y picaflor veía como desde Cataluña, unos políticos fulleros, cobardes y embusteros proclamaban una república bananera, un golpe de Estado de pandereta. Con folclore, desvergüenza, cobardía, farsa, trampas y sobrepasando todas las líneas rojas. Afortunadamente el jefe del Estado ejerció su papel y dijo con claridad que la quiebra de la legalidad nos sumerge en un abismo. Tenemos que agradecer que, en medio de tanta cobardía Felipe VI marcara el límite.

Mientras asentía con la cabeza, nuestra joven profesora intervino:

—Lo de proclamar la república ha sido un chiste de mal gusto, y no dejaría de ser una anécdota sino implicase tantas cosas. Se ha roto la convivencia, hay una facción agitadora, facciosa y supremacista que se empeña en imponerse al resto; y por mucho que se empeñen en decir que todo es muy pacífico, me suena a nazismo: la supremacía de la raza catalana, y con amedrentamiento como la noche de los cristales rotos nazis. ¿Cómo se puede calificar a esas personas que limpian con lejía la calle por donde han pasado líderes constitucionalistas? Solo puedo asimilarlo al racismo del nacionalsocialismo. Aunque estos independentistas saben mucho de eso, puesto que son los herederos de ideólogos fascistas y racistas como el veterinario Pere Màrtir Rossell i Vilar, dirigente de la Esquerra en su época. ¡Estos son los que dan lecciones de democracia!

Siguió nuestro marino:

—A todos estos que se quejan de que no se les hace caso de su vocación democrática y de la proclamación de la republiqueta, cuando han llegado al juzgado, cobardemente, se lamentan de que el Supremo si les esté tomando en serio, y por eso les juzga. Cínicos que piden que se «lleve a la política» el tema, cuando han sido ellos los que la han sacado al incumplir las leyes, que son la base del Estado de derecho. ¡Cuántas mentiras, cuántas tergiversaciones de la realidad!

—Este juicio ha dejado patente las contradicciones de los golpistas —comentó nuestra profesora— acostumbrados a atravesar a lo largo de los años muchas líneas rojas, a incumplir las leyes, y ahora de repente, cuando el Estado les ha puesto límite lloran como plañideras en el juzgado, contando milongas y preocupados ahora por ver crecer a sus hijos. Ellos que deberían haber dado ejemplo de cumplimiento de la legalidad. ¡Insensatos e hipócritas!

—Dirigentes políticos que llevan años incumpliendo las leyes sin que les haya pasado nada —siguió diciendo—; imponiendo su inmersión lingüística, cuando ésta debía ser un vehículo de comunicación, y que ellos han utilizado como un instrumento político y de discriminación, y lo peor, desde las aulas haciendo una labor de adoctrinamiento y aleccionamiento, más propio de un régimen camboyano totalitario, que de una democracia.

Nuestro marino y concluyó:

—Estos cobardes independentistas me recuerdan a aquella parodia de José Mota, que decía aquello de que el gobierno había decidido invadir Portugal y que se iba a hacer al merme. Se iba a correr la línea de la frontera cada día diez centímetros y así, sin darse cuenta, invadíamos Portugal. ¡Esto es lo que vienen haciendo desde el principio de la democracia!


Posiblemente nuestro viejo marino pensó que nos estábamos poniendo muy trascendentes y que esta ironía podía rebajar la tensión de algo muy serio. Lo peor es que, aquí viendo el mar, vemos que la realidad ha superado a la ficción.

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