Panteón de los Soldados de Ultramar de 1898 del Cementerio de Les Corts
Panteón de los Soldados de Ultramar de 1898 del Cementerio de Les Corts

En este artículo vamos a hablar del monumento a los voluntarios caídos por España en Barcelona en las guerras de Cuba y Filipinas del año 1898, que se construyó en el cementerio de Les Corts, enterrados en el conocido como Panteón de los Soldados de Ultramar. El año 1898 es conocido como el año del «desastre». Un año que desembocó en la pérdida de las colonias españolas y que provocó una crisis institucional, cultural y política en España que dio lugar al surgimiento, entre otras cosas, de una generación de intelectuales que se hacían muchas preguntas sobre la propia naturaleza cultural y política de España. Y sí, ciertamente fue el año del «desastre», pero para algunos más que para otros, y no se puede dejar esta cuestión como liquidada en unos párrafos breves de los manuales escolares de historia.

El caso es que muchos dejaron allí la vida, que muchas familias se estroncaron porque sus miembros más jóvenes fueron los que murieron, perdiendo no solo a una persona querida, sino también, y en muchos casos, al miembro más productivo y que aportaba más ingresos a la unidad familiar, lo que las condenaba a una pobreza más crónica.

Para excusarse de ir a la guerra, había que abonar 2.000 pesetas de la época, una fortuna para la mayoría de las familias.

No es casualidad que 12 años después, en 1909, ante una nueva guerra, las familias más humildes se revolucionaran provocando la Semana Trágica de Barcelona. Estamos hablando, pues, que efectivamente, el 1898 fue el año del desastre, pero si queremos hacer una lectura integral de nuestra Historia, debemos mostrar y poner en valor dos hechos que quizás han quedado demasiado en segundo plano: primero, el gran número de víctimas producidas por las guerras y anhelos coloniales, chicos trabajadores y campesinos de todo el país que se encontraron embarcados en una guerra que no era la suya, simplemente por no poder pagar la exención. Y segundo, el profundo dolor que esto provocó en las familias y que se canalizó con un amplísimo consenso social e institucional para recordar a las víctimas con la construcción del Panteón de los Soldados de Ultramar en el cementerio de Les Corts.

El Panteón de los Soldados de Ultramar de 1898 del Cementerio de Les Corts Redescubierto

Coberta de la revista humorística Puck sobre l’inici de la guerra de Cuba, 1896 (Library of Congress, Washington DC, AP101.P7 1896)
Coberta de la revista humorística Puck sobre l’inici de la guerra de Cuba, 1896 (Library of Congress, Washington DC, AP101.P7 1896)

El 24 de febrero de 1895 comenzaba en la colonia española de Cuba una guerra que llevaría a la isla caribeña a la independencia política de España después de cuatro siglos de dominación desde la colonización colombina del continente americano. Un año después, la guerra de independencia también estallaba en la colonia española de las Filipinas. Durante los meses posteriores, a pesar de las tímidas concesiones de autonomía y el establecimiento de armisticios parciales, la guerra era irreversible. El 15 de febrero de 1898, el hundimiento del buque de guerra Maine en el puerto de La Habana propició el inicio definitivo de la guerra entre España y los Estados Unidos, con la declaración oficial de guerra por parte del gobierno de Washington el 25 de abril de 1898.

Pocas semanas después, el político e intelectual republicano federal Francesc Pi i Margall, una de las personalidades que más explícitamente había combatido la guerra y la muerte de hombres inocentes enviados al frente, afirmaba lo siguiente:

«Marinos que encontrasteis vuestra tumba en las aguas del mar de la China y en las de mar de los Caribes, soldados que yacéis en ignoradas fosas de Cuba y Filipinas, alzaos, y decid a vuestros camaradas cuan limpio dejasteis el honor de España. Basta de guerra; decidles: «volved a la Península». Os aguarda allí la más noble y fructífera tarea: la de poner coto a la reacción y afianzar las libertades públicas, la de acabar con una política vieja y decrépita que no lleva consigo sino la pasividad, la corrupción y la muerte».

Sus palabras reflejan uno de los corrientes de la opinión pública española que no solo denunciaba la crueldad de la guerra sino también la muerte de víctimas inocentes por parte de las tropas españolas. Hay que recordar que en aquellos momentos, el sistema de levas de soldados se hacía a través del sorteo de quintas.

En la España de los tiempos de las guerras coloniales de Cuba y Filipinas, el sistema de reclutamiento del ejército era el siguiente: los jóvenes españoles en edad de hacer el servicio militar obligatorio eran sorteados (quintados). Sin embargo, el acto de hacer el servicio se podía redimir mediante el pago de la desorbitada cifra de 2.000 pesetas en metálico o bien pagando un sustituto. Solo las familias adineradas, obviamente, podían hacer frente a aquella cantidad. Ya en el año 1895, en las páginas de la catalanista La Veu de Catalunya, sus lectores podían leer una proclama inequívoca en contra del sistema de reclutamiento de soldados de aquel ejército: «Tanta sangre de los pobres y tanta dinero de los que no lo son!», se afirmaba en la edición del día 18 de julio de 1895. Unos meses después era la revista satírica La Campana de Gràcia la que publicaba una caricatura del dibujante Josep Lluís Pellicer alusiva a los que eran enviados a la guerra: aquellos que no tenían los «300 duros» que costaba redimirse.

Vista del buque de guerra estadounidense USS Maine, hundido en la bahía de La Habana en 1898 (Biblioteca del Congreso, Washington DC, LC-D4-5899)
Vista del buque de guerra estadounidense USS Maine, hundido en la bahía de La Habana en 1898 (Biblioteca del Congreso, Washington DC, LC-D4-5899)

En palabras de la historiadora Núria Sales, «el hecho de poder o no poder pagar la conmutación divide la sociedad en dos grupos básicos de privilegiados y de desheredados. Entre los primeros, es indudable que hay que contar a los ricos y, entre los segundos, es indudable que hay que contar a los pobres», afirmaba. Este «impuesto de sangre para los pobres, impuesto en dinero para los ricos» no solo existió en España, sino también en Francia hasta el 1871 y en los Estados Unidos entre 1861 y 1865. En España estuvo vigente entre 1837 y 1912. «Los ejércitos coloniales no estaban formados por voluntarios, sino por los campesinos y los obreros más pobres», ha sentenciado el historiador británico Sebastian Balfour.

Para hacer frente al drama al que muchas familias populares se enfrentaban ante la marcha de uno de sus hijos a la guerra, por toda la geografía española se habían creado los llamados Montepíos de Quintas. Al final de todas estas sociedades de seguros contra quintas había figuras relevantes de la vida pública y política española, como Pascual Madoz, Mesonero Romanos o Méndez Vigo. En Cataluña encontrábamos al marqués de Comillas, los Güell o el Dr. Bartomeu Robert. Los accionistas de estas sociedades de seguros eran los que más se beneficiaban económicamente -ha explicado la historiadora Núria Sales– con la redención del sistema de reclutamiento de quintas. Mediante estas organizaciones, las familias podían asegurar por una cuota anual el importe de la posible redención en el futuro. A través de algunas de estas entidades también se podía asegurar que, si el joven era quintado con una destinación a las colonias de Ultramar, el servicio se hiciera en la Península.

En Barcelona, una de las entidades que existía era el Montepío Catalán de Quintas. Sus primeros estatutos habían sido aprobados por las autoridades el 12 de enero de 1878; semanas más tarde, el 7 de marzo, una real orden aprobaba los definitivos. Su artículo segundo era bien explícito: «Tiene por objeto el montepío facilitar medios a los padres de familia para poder redimir a sus hijos del servicio militar activo». Y añadía: «Art. 3. Pueden inscribirse en el montepío en cualquier día del año todos los niños y jóvenes desde que nacen hasta la víspera del día en que hayan de ser sorteados». Si en el año 1879 la entidad tenía 716 pólizas contratadas, la cifra superaba las 18.000 en el año 1898. Posteriormente, el Banco Vitalicio de Cataluña absorbió sus actividades.

"Portada de la revista humorística Puck sobre la supremacía militar estadounidense sobre las tropas españolas en la guerra de Cuba. Abajo, representación de los soldados españoles (Biblioteca del Congreso, Washington DC, AP101.P7 1898)
«Portada de la revista humorística Puck sobre la supremacía militar estadounidense sobre las tropas españolas en la guerra de Cuba.» (Biblioteca del Congreso, Washington DC, AP101.P7 1898)

«¡O todos o ninguno!» fue el nombre de la campaña contra la guerra que las fuerzas políticas progresistas, especialmente las vinculadas al Partido Socialista Obrero Español, impulsaron desde sus publicaciones, como los periódicos El Socialista o La lucha de clases. Durante todo el mes de octubre de 1897, las páginas del diario socialista se dedicaron a la campaña contra la guerra. Los primeros artículos aparecieron en las páginas interiores del diario; posteriormente pasaron a ocupar la primera plana.

La campaña socialista fue un éxito, aunque no toda la opinión pública progresista española estaba de acuerdo. Una de las voces discordantes a favor de la obligatoriedad del servicio militar —independientemente de la capacidad adquisitiva de los jóvenes— fue la del escritor Miguel de Unamuno. El 31 de julio de 1898 escribía en las páginas de la revista Vida Nueva lo siguiente:

«Se hace […] campaña en pro del servicio militar obligatorio y es lástima que los más de los socialistas empeñados en esta acción táctica que iniciaron repitan el ‘¡O todos o ninguno!’, dejando en la sombra, de hecho, el objetivo final único: el de que no vaya ninguno a esa esclavitud vergonzosa. Con que vayan todos se busca el que no llegue a ir ninguno, pero el fin no justifica los medios. Lo que hace falta es combatir sin tregua la institución militar misma y esperar con fe.»

El poeta Joan Maragall también cantaría el drama de los que marchaban a la guerra y no regresaban. Estos soldados son los que protagonizan algunos de los versos de su emblemática «Oda a España»:

Jo he vist els vaixells – marxar plens
dels fills que duies – a que morissin:
somrients marxaven – cap a l’atzar;
i tu cantaves – vora del mar
com un folla.
On són els vaixells? On són els fills?
Pregunta-ho al Ponent i a l’ona brava:
tot ho perderes, – no tens ningú.
Espanya, Espanya – retorna en tu,
arrenca el plor de mare!

Soldados españoles durante la guerra de Cuba, 1898 (Biblioteca Nacional de España, Madrid)
Soldados españoles durante la guerra de Cuba, 1898 (Biblioteca Nacional de España, Madrid)

Del Protocolo de Washington al Tratado de París

El desenlace de las guerras coloniales a favor de Estados Unidos se produjo entre la firma del protocolo de paz de Washington, del 13 de agosto de 1898, y la capitulación definitiva española en la Conferencia de Paz de París de los meses de octubre y noviembre del mismo 1898. Los acuerdos establecían que la presencia española en las antiguas colonias del Caribe debía desaparecer el 1 de enero de 1899. Más de doscientos mil personas habrían abandonado Cuba y Puerto Rico en aquellas fechas, aunque lo cierto es que muchos residentes españoles, y también soldados, permanecieron en las ya excolonias para iniciar una nueva vida. En las Filipinas, el número de población y de tropas militares que había que repatriar era mucho menor.

Las condiciones para su retorno a la Península fueron mucho peores, ya que en la isla la guerra continuó, ahora entre los independentistas filipinos y los Estados Unidos. La compañía Trasatlántica del marqués de Comillas había conseguido en exclusiva el contrato gubernamental para la repatriación de los soldados de las guerras coloniales. «Las lamentables condiciones en que eran transportadas las tropas que retornaban a España provocaron muchas defunciones en la mar», ha explicado Sebastian Balfour.

Pocos meses después, se producía un hecho simbólico que a menudo pasa desapercibido pero que muestra claramente el fin del imperio español: el 30 de enero de 1899 se desmantelaba en Madrid el Ministerio de Ultramar, que se suprimió. «¡Un ministerio menos! ¿Para qué nos servía? Se derrumbó nuestro poderío colonial […]. España perdió el tristemente famoso año 98, en territorios de Cuba, Puerto Rico y Filipinas, 422.330 kilómetros cuadrados y 10.262.979 de pobladores; lo que se dice aproximadamente un tercio del poderío nacional», afirmaba José Francos Rodríguez, El año de la derrota 1898 de las memorias de un gacetillero, p. 302.

La llegada de soldados heridos y repatriados durante los últimos años del siglo XIX fue una constante. Y así quedó recogida por la prensa contemporánea, especialmente por aquellas cabeceras que se habían mostrado beligerantes contra la guerra con la potencia norteamericana. El retorno de estos soldados que sobrevivieron fue amargo, por diversas razones. En primer lugar, por las condiciones deplorables en que llegaban muchos de los supervivientes. Uno de los testigos que presenció la llegada de aquellos soldados fue Joaquim Maria de Nadal, que en sus memorias Cromos de la vida vuitcentista: memorias de un barceloní recordaba que «había de sufrimiento, de dolor, de angustia, de miseria, en aquellas caras, pálidas, apergaminadas, arrugadas – de color de cera y de color de hiel- y en aquellos cuerpos esqueléticos, tan delgados, tan tenues, que se perdían y desaparecían y uno creía que iban a desvanecerse de un momento a otro».

Un testimonio aún más estremecedor es el que podían leer los lectores del diario El Imparcial en la edición del 1 de septiembre de 1898: «No faltaban infelices que extenuados por la disentería, el paludismo o la tuberculosis, no podían andar y se arrastraban por las calles, sembrando el dolor y la lástima por doquier».

En segundo lugar, para otros, el retorno a la España peninsular fue amargo por la inexistencia de depuración de responsabilidades entre los mandos militares. Un ejemplo paradigmático es el testimonio de Manuel Corral, que en el año 1899 daba a la imprenta en Barcelona la obra ¡El desastre!: Memorias de un voluntario en la campaña de Cuba, publicada por el editor Alejandro Martínez. «Al regresar a España creía encontrar funcionando con grande actividad los consejos de guerra, esperaba ver a muchos procesados por ineptos o ladrones, y exceptuando los procesos formados por la rendición de plazas…. nada; todos habían sido unos cumplidos caballeros».

Uno de los que sobrevivió a la guerra de Cuba, donde luchó, fue el abuelo del escritor Lluís Carandell. Recordaba que su abuelo había sido uno de los soldados del 1898. «Lo debió de ser a la fuerza porque, aunque pertenecía a una familia de pequeños campesinos, en la Conca de Barberà tarraconense, sus bienes no fueron suficientes para permitirle reunir las 2.000 pesetas que valía librarse de hacer el servicio militar en Ultramar», afirmaba. Uno de los que sobrevivió a la guerra de Cuba, donde luchó, fue el abuelo del escritor Lluís Carandell. Recordaba que su abuelo había sido uno de los soldados del 1898. «Lo debió de ser a la fuerza porque, aunque pertenecía a una familia de pequeños campesinos, en la Conca de Barberà tarraconense, sus bienes no fueron suficientes para permitirle reunir las 2.000 pesetas que valía librarse de hacer el servicio militar en Ultramar», afirmaba.

Lo cierto es que a medida que avanzaba la guerra, comenzaron a llegar también los soldados heridos y moribundos. «Fueron llenos de vida y volvían maltrechos», afirmaba el contemporáneo José Francos Rodríguez. «¡Qué heroísmo tan estéril el invertido en la ruda y áspera campaña! Los barcos llegaban a los puertos, dejando en tierra jóvenes consumidos por la fiebre. ¡La flor de la juventud española extinguida en empresa innecesaria!», añadía. En los últimos meses de 1898 la repatriación se hizo cada vez más dramática: «Empezaron a llegar a nuestras costas los restos de una juventud briosa, fuerte, alegre, que nos devolvieron macilenta, empobrecida y mermada. El suceso de la repatriación no produjo sacudidas hondas, estremecimientos colectivos, ni siquiera alborotos. Nos contentamos con desahogos literarios», se lamentaba el mismo Francos Rodríguez.

La creación del panteón del cementerio de Les Corts

La creación en el cementerio de Les Corts de un espacio específico para acoger dignamente los restos mortales de las víctimas de las guerras españolas de Ultramar fue una iniciativa de la Comisión Ejecutiva de la Cruz Roja española. En aquellos momentos, la organización se definía como la «Asociación Internacional para el socorro a heridos en campañas, calamidades y siniestros públicos». El 29 de enero de 1897, pocas semanas antes de la agregación de Les Corts a Barcelona, el presidente de la organización en España agradecía al alcalde de Les Corts, en tanto que presidente también de la junta de cementerios de la población, la buena acogida de su demanda presentada a finales del año anterior:

«Enterada esta Comisión Ejecutiva de que la Junta [de cementerios] de su digna presidencia se ha dignado aceptar el proyecto de levantar en el cementerio de esa villa una estela funeraria o panteón donde reciban cristiana sepultura los infelices soldados que enfermos o heridos regresen de Cuba y Filipinas y fallezcan en [el] sanatorio instalado por esta asociación, habiendo tenido a bien ceder gratuitamente a este efecto 6 × 8 metros de terreno, tenga la honra de significar a V.S. el testimonio de la sincera gratitud de la Cruz Roja para con esa Junta por su noble y patriótico proceder».

Pocos meses después de la agregación de Les Corts al municipio de Barcelona en abril de 1897, a mediados de agosto siguiente, el consejo plenario del Ayuntamiento de la capital catalana tomó un acuerdo que habría de ser determinante para la historia del panteón de los soldados de la guerra de Ultramar: «Que se sirva acordar la construcción de un mausoleo en el cementerio de Las Corts para, en su día efectuar la traslación de los militares fallecidos en esta ciudad y procedentes de los ejércitos en campaña». Firmaban la propuesta los regidores Josep Fabra y Antoni Rosich, entre otros. La iniciativa fue aprobada y asumida por el conjunto del plenario municipal pocos días después, el 27 de agosto de 1897.

"Carta de agradecimiento de la Cruz Roja española al alcalde de las Corts por la cesión gratuita de terrenos para la sepultura de los soldados repatriados de las guerras coloniales (AMDC, Sanidad, Cementerios, 1897).
«Carta de agradecimiento de la Cruz Roja española al alcalde de las Corts por la cesión gratuita de terrenos para la sepultura de los soldados repatriados de las guerras coloniales (AMDC, Sanidad, Cementerios, 1897).

«Pocas semanas más tarde, el 13 de octubre de 1897, los mismos concejales lograron que el Ayuntamiento de Barcelona depositara una corona conmemorativa dedicada a la memoria de los soldados, con motivo de la festividad de los difuntos, en el lugar donde se debería construir un mausoleo para recoger sus restos y rendirles memoria de manera permanente.

En un primer momento, el Ayuntamiento acordó la construcción de «setenta y cinco columbarios destinados a depósito de cadáveres de los soldados procedentes de Ultramar». El arquitecto de la Junta Municipal de Cementerios de Barcelona, Leandre Albareda, elaboró un presupuesto que ascendía a 1.952 pesetas. Parte de la piedra empleada para la construcción del panteón había de ser trasladada desde la cantera del cementerio de Montjuïc.

En agosto de 1901, el arquitecto Juli Maria Fossas, con el visto bueno del arquitecto municipal en cap Pere Falqués, presentaba al Ayuntamiento el proyecto de mausoleo «para depositar los restos de los militares fallecidos, procedentes de los ejércitos de Ultramar, durante la pasada guerra». El arquitecto Fossas también señalaba la necesidad de «hacer presente la conveniencia de que por V.E. se determinen las inscripciones que habrán de esculpirse en las cuatro lápidas del pedestal, cuyas dimensiones son de setenta y cinco centímetros de largo por cincuenta de alto».

Monumento a los caídos por España en Barcelona

Una meta en el proceso de conceptualización y construcción del panteón fue la determinación de los soldados que debían ser inhumados. Se trataba de restos mortales de soldados repatriados de las guerras coloniales o bien que habían muerto en hospitales barceloneses como consecuencia del conflicto bélico. Estos hospitales eran el propio de la Cruz Roja, el Hospital Militar o bien el Provincial. Se ha conservado la relación manuscrita donde fueron registrados, desde el más antiguo hasta el más reciente, cuáles fueron las víctimas militares cuyos restos fueron integrados en el mausoleo. El primero fue Miquel Baurés, enterrado el 18 de enero de 1897, aunque en realidad este soldado no era la víctima mortal más antigua, que fue Josep Pujol Caballé, inhumado el 9 de diciembre de 1896.

Monumento a los voluntarios catalanes caídos por España en las guerras de Cuba y Filipinas
Monumento a los caídos por España en las guerras de Cuba y Filipinas

A partir del verano de 1897, el número de muertos se fue incrementando de manera acentuada. En agosto de 1897 eran ocho los soldados muertos como consecuencia de la guerra. El mes de septiembre siguiente la cifra se multiplicaba hasta la treintena. A partir de entonces, lo más habitual era que hasta una cuarentena de soldados encontraran sepultura durante el resto del año. En 1898, los inhumados llegaban hasta el centenar cada mes. Aunque la guerra se daba por acabada oficialmente en agosto de 1898, en los hospitales barceloneses los soldados seguían muriendo. En diciembre lo hicieron hasta 125 personas, la cifra más alta, seguida de las víctimas del mes de febrero de 1899, que llegó hasta las 103. Incluso en julio de 1900 se enterraba una última víctima que había fallecido en el Hospital Militar. Era la última de las 704 personas inhumadas en el panteón, que se identificó concretamente con el número 858. Además, según una anotación conservada, se sabe que existían «tres fosas especiales y en las que están enterrados de 15 a 20 soldados repatriados, según manifestación del individuo que ejercía el cargo de sepulturero del cementerio de las Corts antes de la agregación».

¿Cuál era la identidad de aquellos centenares de víctimas? Un informe interno del arquitecto municipal Pere Falqués afirma lo siguiente: «Aquellos pobres soldados venían de diversas procedencias pues fueron a Ultramar desde toda España; casi todos ellos habían fallecido muy lejos de sus hogares». Y añadía inmediatamente: «La consiguiente probabilidad, posteriormente confirmada, de que de continuo se avivarían las demostraciones de afecto al pisar nuestra tierra aquellos de sus deudos, amigos y compañeros que no ignoraban que Barcelona guarda con su piadoso respeto los venerados restos, aconsejaban que al dar decorosa sepultura, se procurara conservar para cada cadáver lugar visiblemente concreto donde se señalara el nombre».

En diciembre de 1901 ya se había completado la construcción de la cripta del panteón y ya se pudo iniciar el traslado de restos mortales. Fue a partir de entonces cuando uno de los contratistas habituales de la Junta de Cementerios de Barcelona, Josep Girbal, comenzó a proveer «las urnas cinerarias que sea menester para verificar las traslaciones de los restos mortales de los repatriados de Cuba y Filipinas desde sus respectivos nichos del cementerio de las Corts a la cripta que el Excelentísimo Ayuntamiento tiene construida a dicho objeto». El precio acordado fue el de 5,95 pesetas cada una: «igual al de los ataúdes para párvulos», detallaba el contratista Girbal.

Una vez construida la cripta, según el proyecto de Juli Maria Fossas, el arquitecto en cap municipal Falqués quiso transformar y redimensionar el mausoleo para dar una mayor visibilidad a la identidad de los soldados. Hay que recordar que, originalmente, la propuesta era la de integrar una inscripción genérica esculpida sobre un obelisco presidido con el señal heráldico de Barcelona con el texto «A los que murieron por la Patria», acompañada de una menor donde se podía leer «Que en paz descansen. El Ayuntamiento…», y un espacio reservado para un mensaje complementario. De la mano de Falqués, el mausoleo se transformó en un panteón visitable en cuyo diseño adquiría una renovada importancia la lectura del nombre específico de todas y cada una de las víctimas enterradas. El nuevo proyecto arquitectónico había de dar «menor importancia a la construcción decorativa» en beneficio de la singularización de los nichos-urna individuales.

El 10 de abril de 1902, Pere Falqués firmaba los planos del panteón efectivamente construido. El diseño fue definitivamente aprobado por el Ayuntamiento en la sesión ordinaria del plenario municipal del 22 de abril siguiente. «El Ayuntamiento de Barcelona a los repatriados de Ultramar» fue el lema elegido para presidir una composición que tenía en una cruz y el símbolo institucional barcelonés los elementos visuales más visibles. Unas escaleras monumentales de cinco metros de anchura daban acceso a una cripta estructurada en cuatro departamentos que acogían, en aquellos momentos, 732 nichos. En el primer y segundo departamentos había 148 nichos respectivamente; 216 en el tercer departamento; y, finalmente, 220 en el cuarto.

Traslado de los restos de los voluntarios catalanes caídos por España

El traslado de restos se acordó pocas semanas más tarde, el 10 de mayo de 1902. Gracias a la documentación conservada en el Archivo Municipal Contemporáneo de Barcelona, se conoce con exactitud la identidad de los soldados, los días en que fueron trasladados a la nueva ubicación y el nicho que ocuparon. El primero de los soldados cuyos restos recibieron sepultura definitiva fue Jacint Gratecós el 24 de julio de 1902, que ocupa el primer nicho del primer de los departamentos. Ese mismo día las restos del soldado Miquel Baurés fueron trasladadas al nicho 2. Dos días más tarde, el 26 de julio de 1902, lo hicieron las de Josep Pujol Caballé al número 3. Los trabajos continuaron durante los días 18, 21, 22 y 23 de agosto, fecha en que se completó el traslado de los primeros 50 inhumados, tal como certificaba el administrador del cementerio de Les Corts, J. Salvatella. Semanas más tarde, el 22 de diciembre se trasladaron 23 urnas desde el cementerio de Montjuïc hasta el de Les Corts.

El traslado de los centenares de cadáveres dentro del propio cementerio de Les Corts fue extraordinario. De hecho, en aquellos momentos, ni el número de personal del cementerio ni las medidas de protección de que disponían eran las apropiadas. «Para el mejor servicio sanitario y evitar que a los sepultureros del cementerio de las Corts les sobrevenga alguna enfermedad contagiosa a causa de no poder desinfectarse ellos mismos y diariamente, después de verificar los traslados de los soldados repatriados por carecer del material necesario para ello, precisa que Vuestra Excelencia [dirigiéndose al alcalde de Barcelona] se sirva disponer en envío a la mencionada necrópolis de la clase de desinfectantes que se requieren para dicho objeto», reclamaba el administrador Salvatella desde el cementerio de Les Corts.

Desde la dirección del Instituto Municipal de Higiene Urbana, sin embargo, se argumentó que no solo habían llevado a cabo las habituales tareas de desinfección en el recinto funerario sino que además había hecho «entrega a la brigada del referido cementerio de un frasco continente de un kilo de disoluciones madres para la purificación de manos y rostros de los operarios, y otros para las desinfecciones de útiles, cajas y urnas y una regadera, enseñando a dicho personal el modo de utilizar los preparados que no son peligrosos».

La documentación contemporánea también se refiere a la «grave perturbación que causa al buen servicio» provocada por el traslado de los soldados, hecho que evidenció también otra carencia, la de la necesidad de «poseer rectificadas las plantillas de numeración de los nichos del cementerio de las Corts», se afirmaba el 17 de enero de 1903. Con celeridad, los servicios técnicos del arquitecto municipal Pere Falqués habían dado solución a la problemática, con la elaboración de un nuevo «cuadro de reforma de la numeración correspondiente a los nichos del Departamento 3.º del cementerio de las Corts».

En pocos días, el 14 de febrero de 1903, el arquitecto de Cementerios, Juli M. Fossas, también confirmaba que la elaboración del pliego de condiciones y la ejecución del concurso público para la adquisición de madera para la construcción de las urnas pendientes ya había sido realizado y adjudicado al contratista Rafael Sastre. «Tan pronto haya tenido lugar el expresado suministro y efectuada la recepción de la madera, se procederá con toda urgencia a la construcción por medio de los operarios de la brigada de las repetidas urnas», afirmaba Fossas.

En la primavera de 1903, la prensa anunciaba la reaparición en las Filipinas, en la bahía de Manila, de los restos del buque María Cristina hundido años antes durante la guerra. Lo habían reflotado los norteamericanos. La importancia que el panteón barcelonés había ido tomando con el paso de los años quedó bien manifestada en una proposición hecha en el seno del consejo plenario del Ayuntamiento. El regidor Francesc Llopart proponía al gobierno municipal de la capital catalana que en el caso de que el Gobierno central español reclamara los restos mortales de los equipos humanos del buque María Cristina, estos restos fueran depositados en el panteón del cementerio de Les Corts de Barcelona.

Lo cierto es que pocos meses antes de la inauguración oficial del panteón, una relación oficial por el administrador del cementerio de Les Corts certificaba que los inhumados, a fecha 10 de abril de 1904, eran 705. En aquellos momentos, la última víctima mortal enterrada había tenido lugar ya hacía cuatro años, el 1 de julio del año 1900.

En la primavera de 1904, el Ayuntamiento de Barcelona enlestecía los trabajos para la inauguración del panteón. Se restauró la corona en bronce que el taller Masriera-Campins había creado el año 1897. Y pocas semanas más tarde, concretamente el 9 de mayo de 1904, consta que todos los trabajos de estucado del interior de la cripta ya habían sido completados por el contratista Lladó Hermanos.

Sin embargo, nuevos restos mortales continuaron llegando. El 12 de julio de 1904, pocos meses antes de la inauguración oficial, lo hicieron una veintena de soldados fallecidos en los meses de julio y agosto de 1897 procedentes de inhumaciones del Hospital Militar. De estos soldados, en algunos casos, consta su procedencia geográfica original: Madrid, León, Ciudad Real, Logroño, Zaragoza, Palencia… Todos ellos acabaron inhumados en la capital catalana. Los restos de este grupo de soldados son los que se encuentran en los nichos comprendidos entre los números 706 y 725.

«Con el fin de dar por terminado el mausoleo erigido en el cementerio de las Corts para guardar los restos de los soldados repatriados de Cuba y Filipinas y poderse inaugurar en la próxima festividad de la Conmemoración de los fieles Difuntos, falta construir la verja de hierro que la rodea», solicitaba el arquitecto Juli M. Fossas el 17 de octubre de 1904.

La inauguración del monumento a los voluntarios catalanes caídos por España el 31 de octubre de 1904

Según el documento interno de protocolo del Ayuntamiento relativo a la inauguración del panteón, a las 11 de la mañana estaba previsto que de manera simultánea se produjeran dos encuentros: la corporación municipal, acompañada de otras autoridades civiles, militares y religiosas en la Casa de la Ciudad de Barcelona, en la plaza de Sant Jaume; y en el propio cementerio de Les Corts se reuniría la Comisión Municipal de Cementerios. Una hora más tarde, a las doce del mediodía, estaba programada la llegada de la comisión de autoridades, recibida por el «clero con cruz alzada». Después de la celebración de un oficio religioso se habría de colocar solemnemente la corona de bronce del Ayuntamiento. El acto central de la inauguración y cierre del panteón estaba previsto que fuera el discurso del alcalde de Barcelona, seguido de «honores fúnebres militares por el piquete que se hallará en el antecementerio».

La comitiva de autoridades también habría de seguir un riguroso orden institucional. En primer lugar abrirían paso los miembros de gala de la guardia urbana municipal, seguidos de representantes de la Cruz Roja y los generales en cap de la guarnición militar. A continuación, los maceros del Ayuntamiento, que precedían a los regidores municipales y el alcalde de la ciudad, con su correspondiente escolta ceremonial. Los acompañaban periodistas y reporteros gráficos de prensa escrita como los diarios de ámbito estatal El Imparcial y El Heraldo de Madrid que, según el propio Ayuntamiento, «tan activa parte tomaron en auxiliar a los repatriados a su llegada al puerto de Barcelona». A las puertas del cementerio, la comitiva de autoridades habría de ser recibida por dos guardias de caballería y una veintena de guardias de infantería, además del portero del cementerio y de cuatro vigilantes del recinto.

En la nota de prensa municipal -llamada contemporáneamente «gacetilla»- hecha pública se afirmaba que «el Ayuntamiento de Barcelona, en nombre de la ciudad, ha rendido a los que sucumbieron en defensa de la integridad de la patria, el tributo de respeto y consideración que su recuerdo merece, que quedará completado con el solemne acto de inauguración y clausura del referido mausoleo, y colocación de una magnífica corona de bronce».

«Durante la inauguración oficial, después de los discursos institucionales, tuvo lugar uno de los momentos más emotivos y simbólicos del acto: el cierre del mausoleo, a cargo del propio arquitecto municipal en jefe. «El arquitecto municipal D. Pedro Falqués, autor del proyecto, cerró la verja del panteón, haciendo entrega de la llave al Excelentísimo señor Alcalde, quien a su vez la entregó al infraescrito Secretario [A. García], dándose el acto por terminado.

La inauguración de «el Escorial de los hijos del pueblo». El monumento de los voluntarios catalanes caídos por España

El 1 de noviembre de 1904, Día de Todos los Santos, la inauguración del panteón ocupaba primeras páginas de la prensa barcelonesa. «En el centro del patio último del cementerio más humilde de los cementerios de Barcelona, el arte de un insigne arquitecto ha edificado el alcázar donde yacerán perdurablemente los restos mortales de los setecientos y tantos soldados que a Barcelona vinieron a morir después de haber luchado en las colonias por la patria, inútil y valerosamente», afirmaba el diario La Tribuna de aquel día en su edición matinal. El periodista que redactó el artículo -cuya identidad no figura-, no quiso precisar de manera bien consciente el número de víctimas del panteón porque la cifra, efectivamente, variaba según las propias placas instaladas en el panteón. El redactor también hace una observación que es del todo precisa: la muerte de aquellos soldados había sido «inútil».

«No hay en necrópolis alguna española mausoleo tan majestuoso ni que infunda más fervoroso respeto en el ánimo de quien lo visite», se afirmaba. El diario La Tribuna también ofrecía a sus lectores una de las descripciones más sugerentes de la singularidad de aquel panteón, evocada con las siguientes palabras: «El foso austero, entre un muro de contención y la masa pétrea del edificio; la crujía de las criptas, silenciosa, rica en luz si pobre de ruidos; el susurro del viento al tropezar con la hojarasca de las plantas y arbustos de los cercanos jardines; el resbalar del agua del cielo por el […] pavimento que la impide encharcarse y la invita a pasar como el rocío por los pétalos de las flores… Allí, en aquel palacio que a los pobres muertos de la nación ha consagrado la siempre magnífica y espléndida Barcelona, se siente, se cree, se reza… Y no se llora, porque al mirar las lápidas de los nichos y ver en ellas por memoria y epitafio una cifra escueta, un número, el corazón se subleva indignado. ¡Ni un nombre, ni un elogio, ni una frase de amor! Pero lo que los números no dicen lo dice el conjunto del mausoleo. Grandes, muy grandes han de ser los merecimientos de quienes tal sepultura consiguen. ¡Grandes, muy grandes fueron los méritos de los allí sepultados! Aquel es el Escorial de los hijos del pueblo. Escorial sin pudridero, sin pompas inútiles, sin exterioridades fastuosas».

«En el más humilde de los cementerios de Barcelona y en el patio último, tienen su mortuorio alcázar los héroes anónimos, los que se numeran, los que no han menester denominaciones y adjetivos de mísera vanidad. Y ante aquellos nichos simétricos, uniformes, desfila Barcelona representada por su Ayuntamiento y autoridades, como no ha desfilado ni desfilará jamás ante los sepulcros de Reyes y magnates», sentencia el redactor del diario republicano barcelonés. «El aire de la montaña circula por allí libremente llenándolo todo con sus aromas; las flores crecen como en un vergel; a tales héroes tal lugar y tal sepulturero y tales homenajes. ¿Quiénes son los muertos? ¿Cómo se llaman? ¿Dónde nacieron? ¿Dónde sus deudos están? ¡Nada importa! Por la patria lucharon y murieron y en nombre de la patria, y sin necesitar para nada el auxilio del Estado, Barcelona les da sepultura y amorosamente los hace suyos honrando sus hechos como si magnates y reyes fueran».

«Cuando los generales que en las guerras coloniales ganaron cruces y ascensos mueran, sus enterramientos contendrán el catálogo de sus honores; pero ninguno de sus enterramientos será comparable a este colectivo erigido al Valor, a la Abnegación y al Sacrificio. Las lápidas de los de arriba noticiarán a los curiosos que los bajo ellas sepultados fueron grandes cruces. El mausoleo de las Corts tiene una sola cruz para todos los muertos que contiene; una cruz sencilla, tosca, que los vientos y la lluvia ennegrecerán; una cruz en cuya presencia no hay cabeza que no se descubra, labios que no recen, ojos que no lloran», sentenciaba el diario La Tribuna.

El día después de la inauguración del panteón barcelonés de los caídos por España

Una vez inaugurado el panteón, la Comisión Municipal de Cementerios felicitó públicamente al arquitecto Pere Falqués por la autoría y dirección del proyecto. En la sesión del plenario municipal del 22 de noviembre de 1904 fue aprobado el siguiente acuerdo: «Haber visto con singular complacencia la obra realizada por el señor Arquitecto Jefe de Urbanización y Obras D. Pedro Falqués, autor del proyecto del mausoleo ejecutado en el Cementerio de Las Corts para contener en forma individual los restos de los 722 cadáveres de los soldados que sucumbieron en esta ciudad a consecuencia de las guerras coloniales, por haber interpretado con inteligencia y acierto los propósitos del Excelentísimo Ayuntamiento, encaminados a honrar de manera digna y completa la memoria de los que fallecieron en defensa de la integridad de la patria».

Lo cierto, sin embargo, tal como ha afirmado el historiador Sebastian Balfour, es que «el Desastre puso al descubierto la vaciedad de la retórica patriótica orquestada por las elites locales y nacionales y cortó de raíz cualquier brote incipiente de sentimientos imperialistas populares».

A pesar de su cierre solemne el día de la inauguración, con posterioridad el panteón continuó acogiendo nuevas restos mortales. El 7 de diciembre siguiente, el Ayuntamiento aprobaba la adquisición de «80 lápidas con sus anillos de metal y numeración correspondientes» con el panteón como destino. Incluso años más tarde, en 1908, se producía una nueva situación que alteraba el número de inhumados en el panteón. El administrador de los cementerios de Sants y de Les Corts, J. Salvatella, exponía el siguiente: «Verificadas las excavaciones convenientes en las dos fosas de la isla tercera del cementerio de las Corts, donde fueron inhumados durante el año 1896 algunos de los cadáveres de los soldados procedentes de Ultramar, han dado por resultado el hallazgo de nueve de ellos, cuyos restos, convenientemente acondicionados, han sido trasladados durante el día de la fecha, al panteón de los repatriados construido exprofeso en la misma necrópolis».

Un año después de aquel hallazgo en el cementerio de Les Corts, estallaba en Barcelona la llamada Semana Trágica en julio de 1909. La sociedad barcelonesa que en 1908 padecía las consecuencias de una nueva guerra colonial española, esta vez en Marruecos, ya no era la misma que una década atrás en tiempos de las guerras coloniales de Cuba y Filipinas. Lo dijo un comentarista contemporáneo, Ángel Ossorio, con las siguientes palabras: «No es posible explicarse los sucesos ocurridos en Barcelona al finalizar el mes de julio [de 1909] sin reflexionar acerca del estado mental y moral de aquella sociedad».

Los hechos revolucionarios de la Semana Trágica de Barcelona evidenciaban que los jóvenes barceloneses que se negaron a participar en la guerra ya no estaban dispuestos, eufemísticamente, «a morir por la patria» como una década antes.

Lista de catalanes que dieron su vida por España en las guerras de Cuba y Filipinas enterrados en el Panteón de Les Corts (Barcelona)

Catalanes que dieron su vida por España en las guerras de Cuba y Filipinas, voluntarios catalanes caídos por España
Catalanes que dieron su vida por España en las guerras de Cuba y Filipinas

Esta es una lista no exhaustiva de todos los héroes catalanes que dieron su vida por defender a España en las guerras de Cuba y Filipinas luchando contra Estados Unidos. La mayoría murieron en hospitales de Barcelona tras regresar en barco malheridos durante diversas batallas. En total fueron más de 3.000 voluntarios catalanes los que murieron por España, de los cuales algo más de un tercio eran de Barcelona. Se sabe que hay otros tantos miles que nunca regresaron y que descansan en alguna parte en Cuba, Filipinas o el fondo del mar, muchos reposan en diversos cementerios por toda Cataluña. Todos los que aparecen en esta lista están bien identificados en el Panteón de los Soldados de Ultramar de 1898 del Cementerio de Les Corts. Es un panteón visitable y es algo digno que ver en Barcelona hoy.

El número de lista es el número de su lápida en el Panteón de los Soldados de Ultramar de 1898 del Cementerio de Les Corts. En principio eran 734 soldados voluntarios catalanes pero posteriormente según iban muriendo se añadieron algunos más. Sus descendientes tienen derecho a una indemnización si todavía no ha sido reclamada y a reclamar la nacionalidad española.

  1. Miguel Baures
  2. Jacinto Gratecos
  3. José Pujal Caballé
  4. Benito cuesta
  5. Antonio Blanco
  6. Celestino Puerto
  7. Pedro Capdevila
  8. Jaime Suñe Artigas
  9. Hilario Simarro
  10. Jaime Grimat
  11. Amadeo Maruny
  12. Daniel Mayano
  13. Mariano Arnal
  14. Manuel Halazar
  15. Celestino Vendrell
  16. Manuel Medina
  17. Tiburcio Doncel
  18. Antonio Costa
  19. Juan Pujadas
  20. José Pelegrín
  21. Fernando Saez
  22. Juan Vandell
  23. Domingo Pérez
  24. Antonio de la Cruz
  25. Camilo Aris López
  26. Felix López
  27. Diego Sánchez
  28. Miguel Mercader
  29. José Bosch
  30. Ramón Freire
  31. José Dante
  32. Damaso Soler
  33. Juan Prieto
  34. José Pedrola
  35. Juan Guell
  36. Manuel Pérez
  37. Antonio Sánchez
  38. Manuel Aguila
  39. Carlos Demesa
  40. Agustín Puig
  41. José Sagut Puquet
  42. Manuel Triñans
  43. Francisco Pastor
  44. José Cervello
  45. Fulgencio Vázquez
  46. Antonio Basilio
  47. Manuel González
  48. Rafael Molera
  49. Domingo Tenaet
  50. Francisco Muñoz
  51. Sebastián Ganel
  52. Juan Acosta
  53. Juan Vila Puig
  54. José García García
  55. Gayetano González
  56. Manuel García
  57. Baldomero Moya
  58. Miguel Cabezudo
  59. Antonio Vendrell
  60. José Cuadro
  61. Anselmo de Celis
  62. Alfonso Rodes
  63. Juan Fernández
  64. Juan Barga Oliva
  65. Juan Muradell
  66. Luis Meya Arro
  67. Jaime Guasch
  68. Celedonio Pérez
  69. José Rovira
  70. Ricardo Moreno
  71. Inocencio Herras
  72. José Ibars Torres
  73. José Auleda Pujol (Es célebre porque dos familiares lograron encontrarlo un siglo después)
  74. Vicente Soler
  75. Agustín Sevilla
  76. Blas Martínez
  77. José Chacón
  78. Domingo Vega
  79. Antonio Escoris
  80. Antonio Pons
  81. Juan Coll Torrent
  82. Isidro Vidal Ruach
  83. Joaquín Artero
  84. Salvador Pedro
  85. Manuel Pardo
  86. Miguel Calatayud
  87. Celestino Rovira
  88. Alfonso Tenza
  89. Francisco Trigueros
  90. Isidro Capdevila
  91. Antonio Bernoso
  92. Francisco Domínguez
  93. José Gil Rebaso
  94. Miguel Galasta
  95. Blas Fernández
  96. Silverio Martínez
  97. Ricardo Marcos
  98. Esteban Blaser
  99. Leonardo Calleja
  100. Lorenzo Lorenzo
  101. Salvador Martínez
  102. Santiago Salamanca
  103. Federico Barrio
  104. Francisco Tejero
  105. Mateo Catalá
  106. Magín Ginés
  107. Melchor Redondo
  108. Juan Rovira
  109. Alfonso Pérez
  110. Emilio Mello
  111. Joaquín Acosta
  112. José María Vardrez
  113. José Anguera
  114. Antonio Fuertes
  115. Marcelo Zenón
  116. Francisco Álvarez
  117. Esteban Rubio
  118. Fidel Buarez
  119. José Seara
  120. Rafael Fernández
  121. Domingo Orrundea
  122. Eugenio Pascual
  123. José Simó Deu
  124. José Del Río (Está escrito José Delrio pero entendemos que es un error)
  125. Pedro Polo Durán
  126. Felipe Vives Ferré
  127. Domingo Ones
  128. Esteban Alonso
  129. Mateo Miro Horros
  130. Justo Carbiero
  131. Joaquín Gutiérrez
  132. Salvador Cabanes
  133. Antonio Montero
  134. José María López
  135. Marcel Rodríguez
  136. Salvador Rivera
  137. Manuel Velasco
  138. Justo Durán Farro
  139. José Piñuelo
  140. Francisco Gaye
  141. Hipólito Gómez
  142. Guillermo Soler
  143. José Menéndez
  144. Bernardo Vendrell
  145. Celedonio Noguel
  146. Miguel Rivera
  147. Antonio Molins
  148. Emilio Ortiz
  149. Ramón Gómez
  150. Francisco Díaz
  151. Hermójenes Bonfarcos
  152. José Plaza
  153. José Sánchez
  154. Carlos Monreal
  155. Manuel Graviel
  156. José García
  157. Antonio Tresancha
  158. Faustino Lagartero
  159. Santiago Salcedo
  160. Fermín Segovia
  161. Regalado Servera
  162. José Figueras
  163. Gustavo Sancho
  164. Aurelio García
  165. Pablo Suñé
  166. Francisco Villalba
  167. Fructuoso Serrano
  168. Antonio Rodríguez
  169. Pedro Martí
  170. Francisco Busteros
  171. Francisco Talavera
  172. Florentino López
  173. José Gil Ruiz
  174. Ricardo Caballero
  175. Antonio Belolosa
  176. Eduardo Ybáñez
  177. Vicente Guillem
  178. Pedro Bachón
  179. Fernando Fernández
  180. Juan López Mira
  181. Manuel Zahuertra
  182. Juan Salellas
  183. Juan Vila Soñe
  184. Juan Martorell
  185. Pedro Teiro
  186. Ricardo Perecaula
  187. Lorenzo Martínez
  188. Cruz Pérez Saló
  189. Eustaquio Frueta
  190. Juan Gil Moliner
  191. Pedro Suarez
  192. Francisco Coll
  193. Emilio Seguí Sedó
  194. Cristóbal Giménez
  195. Cristóbal Ángel
  196. Jaime Tudela
  197. Rafael Lloret
  198. Mariano García
  199. Francisco Barrera
  200. Estanislao Mateu
  201. Vicente López
  202. José Señor
  203. José Moreno
  204. Alejo Tejedor
  205. Antonio Pujol
  206. Domingo Iglesias
  207. Francisco Guardiola
  208. Francisco Tomás
  209. Antonio Pulido
  210. Ángel Ruiz García
  211. Salvador Oliver
  212. Juan Triay Camps
  213. Ignacio Caro
  214. José Papiol
  215. José Galvez
  216. Eleusterio Martínez ¿Quizás era Eleuterio Martínez?
  217. Lino Díaz Sanchis
  218. Miguel Ortiz
  219. Domingo García
  220. Pedro Ferrer
  221. Florencio Mata
  222. Juan Carreras
  223. Francisco Flores
  224. Francisco Mirabet
  225. Ramón Moya Soler
  226. Vicente Antonino
  227. Telesforo García
  228. Luis Castús Bata
  229. Ambrosio Belaustegui
  230. Pedro Mayo Eston
  231. Miguel Abad
  232. Sebastián Manresa
  233. Matías Llorca
  234. Manuel Escartín
  235. Ramón Galarza ¿Quizás era Ramón Gálarza?
  236. Miguel Roselló
  237. José March
  238. Miguel Cauca
  239. Antonio Cisneros
  240. Salvador Planas
  241. Francisco Rodríguez
  242. Jesús Beteta
  243. Rafael Sampols
  244. Juan Masachs
  245. José Pérez Incoguito
  246. Andrés Torres
  247. José Pérez
  248. Miguel Martín
  249. Jaime Umbert
  250. Miguel Ortiga
  251. Juan Hugarte
  252. Lorenzo Gelabert
  253. Olayo González
  254. Pedro Marzo
  255. Francisco Ribas
  256. Ángel López
  257. Antonio Samper
  258. Francisco Carrascosa
  259. Antonio Rodríguez
  260. Alfonso Girad
  261. Indalecio Manchado
  262. José Martín
  263. Agustín Ortiz
  264. Antonio Sánchez
  265. Ramón Córdova
  266. Juan Pastor
  267. Sebastián Soler
  268. Domingo Lino
  269. Pedro Batllori
  270. José Biunas
  271. Tomás Lashuertas
  272. Lorenzo Soler
  273. Joaquín Arcentos
  274. José Leuserich
  275. Faustino Gaucin
  276. José Banquinero
  277. Ramón Sitjes
  278. Jaime Pino
  279. Julio Tusquellas
  280. Bartolomé Gribé
  281. Ricardo Argoté
  282. Francisco Fernández
  283. Jaime Domingo
  284. Ignacio Areris
  285. Nicolás Fonsea
  286. Ricardo Díaz
  287. José Fernández
  288. José Serra
  289. Rufino González
  290. José Rodríguez
  291. Bernabé Rovellar
  292. Guillermo Rueda
  293. Manuel Arenas
  294. José Corominas
  295. Bernardo Izquierdo
  296. Francisco Vallaverdei
  297. Antonio Vijal
  298. (Nombre borrado)
  299. (Nombre borrado)
  300. José Rosillo
  301. Prudencio Iturrega
  302. Manuel Villarmón
  303. Federico Cardona
  304. Santiago Bucallas
  305. Francisco Guzmán
  306. Francisco Zuárez
  307. Pedro Pérez
  308. José Martínez
  309. Guillermo Rigo
  310. Antonio Medina
  311. José Jordá
  312. Pedro Molino
  313. José Ramiro Muñoz
  314. Sebastián Bellaspasa
  315. Silvestre Soler
  316. Maximino Arias
  317. José Giménez
  318. Felipe Garay Fides
  319. Ramón Oro Nadal
  320. José Jordá Colli
  321. Juan Arnau
  322. Juan Hernández
  323. Mariano Hortiz
  324. Ramón García
  325. Benito García
  326. Vicente Vidondo
  327. Manuel Ariete
  328. Víctor Pérez
  329. Vicente Boleda
  330. Juan Pasqual
  331. Jose Arques
  332. Pedro Cano
  333. Matias Ballur
  334. Jose Noira
  335. Juan Rosca
  336. Vicente Belto
  337. Jacinto Aymerich
  338. Salvador Borull
  339. Francisco López
  340. Matias Font
  341. Santiago Santos
  342. Agustin Luengo
  343. Joaquin Plana
  344. Andres Martes
  345. Matias Granjes
  346. Simon Martinez
  347. Juan Cordiolla
  348. Manuel Peñaa
  349. Jacinto Sánchez
  350. Cesareo Acosta
  351. José Marqués
  352. José Pérez
  353. José Ferrea
  354. Pablo Cerralbo
  355. Evaristo Villar
  356. Jaime Ribas
  357. Bernardo Riera
  358. Jesús González
  359. Vicente Alberto
  360. Dalviro Castro
  361. Antonio Colomino
  362. Sebastian Boronat
  363. Pedro Hernández
  364. Manuel Dominguez
  365. Antonio Manresa
  366. Antonio Rabasa
  367. Bartolomé Gómez
  368. Daniel García
  369. Paulino Fuentes
  370. José de San Juan
  371. José López
  372. José Sarquero
  373. Matías Pamies
  374. Marcelino Sans
  375. Miguel Jouva
  376. Julián Noriega
  377. Francisco Garzón
  378. José Solé
  379. Manuel Silvestre
  380. Herato Verdaguer
  381. Manuel Vidal
  382. Juan Alemón
  383. Felipe López
  384. Jaime Figueras
  385. Antonio Rodríguez
  386. Ramón Navas
  387. Francisco Farré
  388. Salvador Murillo
  389. Eusebio Samis
  390. Pedro Serrano
  391. Manuel González
  392. José Morales Arias
  393. Bartolomé Merquindo
  394. Manuel Benito
  395. Carlos Casas Valls
  396. José Rojas Álvarez
  397. Manuel Balsas
  398. Canuto Cruzado
  399. Florentino Cervera
  400. Patrocinio Pradas
  401. Ceferino Andrés
  402. Hermenegildo Pérez
  403. Andrés Cantandell
  404. Elías Vicedo Natario
  405. Severino Veija
  406. Francisco Serrano
  407. Rafael Obiol
  408. José Aguilar
  409. José Mayo
  410. Nemesio Herrero
  411. Nazario Vallbuena
  412. Alfredo San Pedro
  413. Joaquín Blasco
  414. Anjel Muñoz
  415. Antonio Hernández
  416. Eusebio Expósito
  417. José Álvarez
  418. Lucio Ballester
  419. Juan Benítez
  420. Manuel Arrugarena
  421. Vicente Gil
  422. Casimiro Fuertes
  423. Salvador Besos
  424. José Vives
  425. Francisco Ruiz
  426. Pascual Santalaria
  427. Eusebio Sánchez
  428. Francisco Martínez
  429. Benjamín García
  430. Lorenzo Pico
  431. Maximino Gil
  432. Guillermo Goya
  433. Vicente Castellanos
  434. Ignacio Recalde
  435. Juan Pérez
  436. José Abadal
  437. Lázaro Molina
  438. Pedro García
  439. Sebastián Ruiz
  440. Raymundo Arquiana
  441. Jaime Llimona
  442. Pedro Rodrigo
  443. Joaquín Lanao
  444. Justo Lorda
  445. José Sule
  446. José Rodríguez
  447. Manuel Reina
  448. José Fernández
  449. Vicente Moll
  450. Santos Ferrer
  451. Mateo Sánchez
  452. Rufino Fernández
  453. Juan Soler
  454. Julián Pin
  455. Miguel Raso
  456. Juan García
  457. Emilio Pujol
  458. José Emilio
  459. Julio de Santiago
  460. Buenaventura Mir
  461. José Cabanes
  462. Juan Pons
  463. Francisco García
  464. Antonio Ríos
  465. Cristóbal Aranda
  466. Felipe Torres
  467. Antonio Pastor
  468. Nemesio García
  469. Víctor Paños
  470. Mariano García
  471. Juan Sánchez
  472. Miguel Cervera
  473. Simón García
  474. Cosme Ruiz
  475. Ignacio Guillén
  476. Prudencio Manso
  477. José Aguilar
  478. Antonio Martínez
  479. Juan López
  480. Juan Quintela
  481. José Molfe
  482. Juan de Mata
  483. Carlos Ganañena
  484. José Mateo
  485. Mateo Lamela
  486. José Morales
  487. José Sánchez
  488. Florencio Martín
  489. Eugenio Gasdalira
  490. José Casanovas
  491. José Toruella
  492. Clemente Calatayud
  493. Blas Ugarte
  494. Antonio Amer
  495. Alejandro Gómez
  496. Antonio Pobell
  497. Manuel Serrano
  498. Joaquín Miralles
  499. Antonio Sánchez
  500. Ramón Fonoll
  501. Baltasar Delgado
  502. José Soliverac
  503. Pedro Santallo
  504. Juan Gallego
  505. Antonio Blanes
  506. Ignacio Sainz
  507. Mariano Noguera
  508. Andrés Llop
  509. Marcelino Mir
  510. Francisco Soto
  511. Antonio Arnalich
  512. Juan Algarra
  513. José Rodríguez
  514. Manuel Caro
  515. José Casals
  516. Magín Soler
  517. José Jover
  518. Vicente Fornés
  519. Andrés Díaz
  520. Fernando Lonio
  521. José Bervell
  522. Francisco Grau
  523. Francisco Contaceno
  524. Juan Arrarate
  525. Fernando Rubio
  526. Juan Carmona
  527. José Cerveró
  528. Alfonso Cantero
  529. Manuel Carmona
  530. Julio González
  531. Juan Cantijano
  532. Pascual Doria
  533. Salvador Escañez
  534. Juan Tabuenca
  535. Jenaro de la Fuente
  536. José Herrero
  537. Anjel Vidal
  538. Lucas Martínez
  539. Jenaro Cortijo
  540. Alfonso Castellón
  541. Lucas Carrasco
  542. Manuel García
  543. Laureano García
  544. Ángel Casado
  545. Manuel Fernández
  546. Cristóbal Aguilera
  547. Antonio Fernández
  548. Juan Bta Piñerrier (la abreviatuta «Bta» puede ser Juan Buitrago, Juan Bautista, Juan Botana o Juan Betancourt)
  549. Daniel Ecay
  550. Diego Mula
  551. Luis Santa María
  552. Manuel Santellas
  553. Ricardo Conde
  554. José Montesinos
  555. José García
  556. Lorenzo Bertrán
  557. José Caro
  558. José Pavia
  559. Pablo Genis
  560. Antonio Aguilar
  561. Esteban Jarque
  562. Pedro Garcés
  563. Emilio Arias
  564. Juan Domínguez
  565. Juan Mestres
  566. Toribio Diego
  567. Pedro Rius
  568. Francisco Barés
  569. José Centelles
  570. Asencio Gómez
  571. Lucio Borulla
  572. Mateo Reus
  573. Miguel Torres
  574. Manuel Alonso
  575. Damián Vidal
  576. Manuel Berredo
  577. Antonio Ros
  578. José Velas
  579. Leovigildo del Río
  580. Antonio García
  581. Juan López
  582. Emilio Manzano
  583. Ricardo Iglesias
  584. Antonio Tira
  585. Pedro Suso
  586. Isidoro Pérez
  587. Mariano García
  588. Lorenzo Martí
  589. Juan Martínez
  590. José Canals
  591. Raimundo Marten
  592. Juan Castells
  593. Antonio Juárez
  594. Juan Santos
  595. Luis Caba
  596. Isidro Bofill
  597. Daniel Gómez
  598. Manuel Moreno
  599. Modesto Vázquez
  600. Manuel Villagarcía
  601. Antonio Gordillo
  602. Indalecio Vilar
  603. Arturo Andreu
  604. Manuel Mesalles
  605. Prisco Beato
  606. Antonio Moreno
  607. Germán García
  608. Jaime Casanovas
  609. Federico Vázquez
  610. Bautista Buci
  611. Isidoro Abellaneda
  612. Gregorio González
  613. Arturo Miguel
  614. Juan Cuni
  615. Daniel Alcaraz
  616. Juan Raya
  617. José Serret
  618. Julián Zabala
  619. Ramón Peña
  620. Lorenzo Rodríguez
  621. Juan Pereiro
  622. Santos García
  623. José Vidal
  624. Juan Solabrano
  625. Juan Marto
  626. Fernando Fuste
  627. Emilio Broquetas
  628. Manuel Fernández
  629. Julián Gutiérrez
  630. Bartolomé Zopena
  631. Juan Caro
  632. José Velázquez
  633. Emilio Rodríguez
  634. Alfredo Puig
  635. Juan Suárez
  636. Emilio Perucho
  637. Manuel Rodríguez
  638. Antonio Puig
  639. José Prieto
  640. Francisco Espinosa
  641. Francisco Serrano
  642. Antonio Vázquez
  643. Juan Cruz
  644. Pedro Baque
  645. Francisco Cayneta
  646. Antonio Hierro
  647. Ángel Mixón
  648. Jesús Aries
  649. Manuel Tomás
  650. Miguel Armengual
  651. Federico Martínez
  652. José Corbera
  653. José Fosado
  654. Francisco Oller
  655. José Cremades
  656. Rafael Amador
  657. Antonio Zamuy
  658. José Ciurana
  659. Pedro Cruz
  660. Isidoro Bernat
  661. Juan Acacio
  662. Anjel Sabuella
  663. Manuel Linares
  664. Manuel Sala
  665. Francisco Celu
  666. Francisco Ramos
  667. José Díaz
  668. Severo Rodríguez
  669. Manuel Cartela
  670. Antonio Fernández
  671. Eduardo Morán
  672. José Meata
  673. Francisco Suárez
  674. Juan Yáñez
  675. Miguel Automuro
  676. Antonio Garea
  677. Manuel Piqueras
  678. Juan Álvarez
  679. Ricardo Antuña
  680. Mateo Martín
  681. Santiago Fernández
  682. Juan Martínez
  683. Melchort Vidal
  684. José Sánchez
  685. Antonio Triana
  686. Antonio Banaset
  687. Pedro Yglesias
  688. Antonio Tello
  689. Vicente Climent
  690. Gerónimo Pérez
  691. Esteban Biera
  692. Dionisio Expósito
  693. Escolástico Sánchez
  694. Francisco Gutierrez
  695. Francisco Herrada
  696. José Parot
  697. Rodolfo Roig
  698. José Millán
  699. Francisco Batista
  700. Nadal Pastor
  701. Juan Ruiz
  702. Tiburcio Martínez
  703. Ricardo Ortiz
  704. Francisco Silva
  705. Manuel Campos
  706. Manuel Santorio
  707. José Martínez
  708. Gerardo García
  709. Francisco Pujol
  710. Mariano Julian
  711. Leandro Fernández
  712. José Mateo
  713. Nicolas de Miguel
  714. Manuel Crespo
  715. Roque Gómez
  716. Miguel Aguilar
  717. Romualdo Díaz
  718. Robustiano Beto
  719. Domingo Joaquín
  720. Francisco Vidal
  721. José Gimena
  722. Lucas Méndez
  723. Bartolomé San Andreu
  724. Casto García
  725. Victoriano Bertoliu
Ejemplo de un par de las lápidas del Panteón de los Soldados de Ultramar de 1898 del Cementerio de Les Corts voluntarios catalanes caídos por España
Ejemplo de un par de las lápidas del Panteón de los Soldados de Ultramar de 1898 del Cementerio de Les Corts

Los nombres que aparecen en esta lista han sido copiados de las lápidas del Panteón de los Soldados de Ultramar de 1898 del Cementerio de Les Corts. En algunos casos se han añadido tildes por entender que se trata de un error, pero en general se ha respetado la ortografía original. Hemos revisado el listado varias veces, pero si se encontrara algún error se ruega dejar un comentario en este mismo artículo y lo revisaremos.

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