Recibimiento de Torra a Sánchez en el Palau de la Generalitat.
Recibimiento de Torra a Sánchez en el Palau de la Generalitat

Luis Torres Píñar | Que el socialismo es infiel con los intereses de España, no es algo que nos deba sorprender. Conociendo el oscuro y sangriento pasado del PSOE, no es de extrañar que sea el ejecutor de cualquier felonía, si eso les supone mantenerse al frente del gobierno de la Nación, porque España continúa siendo una Nación.


Al PSOE primigenio le traía al pairo el progreso de los ciudadanos, como al actual. Así ha venido haciéndolo saber a todo el que quiere escuchar su discurso siempre vacío de realidad, pero como los oídos de los ignaros no atienden a razones, prefieren quedarse con promesas de soluciones quiméricas. De otra forma no se entiende que se presente ante los españoles, con la misma denominación (PSOE) con la que asesinó a miles de españoles, por llevar sotana, discrepar de sus ideales o simplemente ser un estorbo para un fin. Sin olvidar el daño económico que supuso expoliar el Banco de España, entregando más del 70% de la reserva del oro, a la Unión Soviética, que no por ser un tema muy recurrido, puede caer en el olvido. Es lo que la izquierda nos enseña, recurrir al pasado que tanto nos recuerdan.

Mi apreciado lector, se preguntará ¿y todo esto a qué viene? Intento explicárselo.

El día 6 de febrero, en la ciudad de Barcelona con total desprecio a Ley, obviando cualquier señal de respeto a los ciudadanos españoles y en especial a los que vivimos en Cataluña, se han reunido de una parte el felón; Joaquín Torra, autoproclamado homólogo con su invitado, «doctor plagio» Pedro Sánchez.

El ridículo institucional, con unos fastos protocolarios inadecuados por cuanto el anfitrión es un desautorizado por delincuente, convertido en usurpador de cargo público y reconocido por Pedro Sánchez que no tuvo el menor recato en aceptar ser recibido en un Palacio, donde pende en su balcón principal una pancarta alusiva a la libertad de los «presos políticos», como si en España, hubiera algún encarcelado por sus ideales políticos.

A su llegada al Palacio de la Generalidad, le esperaba el civil felón para rendirle honores con un visible lazo amarillo, como si el invitado fuera de una Nación extranjera y el anfitrión ostentara algún cargo oficial de forma legal.


Acto seguido tras saludarse los dos bufones, el felón dada su ignorancia, dudó si debía ponerse a la derecha o a la izquierda del orgulloso mindundi en el que se ha convertido Sánchez, tras ser manejado por dos delincuentes, uno inhabilitado y otro penado. Pasó revista a la fuerza armada de la Generalidad, que no es más que un cuerpo de policía regional, muy digno, pero… solo eso. Al pasar ante la bandera de Cataluña, no fue saludada por el mindundi, no por desprecio, es que ni la vio.

El grotesco acto protocolario todavía no ha terminado, en el saludo y presentación de las autoridades puestas en fila a la espera de estrechar la «egregia» mano del felón, el jefe de Gabinete del Presidente del gobierno de España; Iván Redondo, en el orgásmico momento que supuso el honor de verse delante de uno de los titiriteros que manejan las cuerdas del títere en el que se ha convertido su jefe, sufrió un espasmo cervical del que es posible deba llevar un collarín para reponerse.

De lo mercantilizado en la reunión, poco se sabe, salvo lo que han querido transmitirnos. El felón continuando en su acción de insultar y vejar al que se supone representa la Nación, le regala un libro sobre los derechos humanos y otro sobre la libertad, que el mindundi recoge agradecido, todavía hoy, se espera que el presidente del gobierno de España, correspondiera entregando al felón un ejemplar de la Constitución vigente del reino de España.

Reunión de Pedro Sánchez y Quim Torra en Barcelona hoy.
Reunión de Sánchez y Torra

Tras una hora y media, llega el momento de ponerse ante el micrófono y por si fuera poco lo vivido, toca escuchar entre otras banalidades que “la Ley no lo es todo” o “hay que terminar con la judicialización de la política”.
Claro que sí, pero tan solo cuando incumbe al principado. Si en Cataluña se cortan autopistas, se toman las calles de las ciudades, se apedrea a la policía y queman contenedores, no pasa nada, se trata del derecho de manifestarse. Si en otra parte del reino, el sector agrario protesta porque no pueden mantener sus tierras, se les aporrea y multa, faltaría más. Igual se piensan los ciudadanos del resto de España, que tienen los mismos derechos que los secesionistas de Cataluña.

Terminado el teatro protagonizado por un delincuente y un títere, analicemos la reunión:

A día de hoy de forma oficial, la Generalidad de Cataluña, está descabezada por decisión del Tribunal Supremo, que sentenció no suspender cautelarmente el acuerdo de la Junta Electoral Central. Por lo que el que fuera presidente de la Generalidad, Joaquín Torra, está oficialmente inhabilitado para desempeñar cualquier cargo público, sea diputado o cartero.

Entonces… ¿Con quién se ha reunido el presidente Sánchez?, ¿con un civil, en un edificio oficial?

Si es así se debiera explicar por qué un civil condenado por un delito de desobediencia, dispone de libertad de movimientos en el interior de un edificio oficial, utiliza despacho oficial, servicio, etcétera. Esa circunstancia, convierte la reunión en un potencial delito de prevaricación por parte del presidente Sánchez y muy posiblemente por lo dialogado con el penado, un delito de Alta traición por negociar asuntos de Estado con un civil.

La anuencia por parte de la Fiscalía, hace pensar que Montesquieu ha muerto para la Nación española, como ya dijo claramente en una entrevista Pedro Sánchez, con aquel… ¿De quién depende la Fiscalía?

Éste ultraje contra la Nación, merece una explicación por parte de quien ostenta legítimamente el cargo de Presidente del Gobierno de España; Pedro Sánchez, seguido de su dimisión, pero eso no sucederá. Nada recibiremos los españoles, salvo excusas sin base y mentiras sobre lo tratado.

En fin apreciado lector, esto es lo que ha sucedido, así se lo he contado y ahora usted tiene la opción de opinar.

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