Banderas en una manifestación de Barcelona hoy.
Banderas en una manifestación constitucionalista

La encuesta publicada el día de ayer por ABC no deja lugar a dudas: las perspectivas de futuro del constitucionalismo en Cataluña no son muy halagüeñas a corto plazo. ERC se desmarcaría como primera fuerza política con dieciséis escaños más que la segunda, el PSC. Ciudadanos, PP y VOX obtendrían en total veinticinco, quince menos que las logradas por PP y Cs hace tres años. JxC vería su representación mermada en diez escaños, mientras que En Comú Podem y las CUP se mantendrían estables.


La tensa relación mantenida por los dirigentes de los dos grandes partidos independentistas hace difícil un nuevo acuerdo de gobierno entre ellos. La opción del tercer tripartito de izquierdas del milenio se antoja, por lo tanto, una realidad plausible. Miquel Iceta aplaude con las orejas; su particular concepción sobre la concordia social y su simpatía por el nacionalismo lo convierten en un firme defensor de esa posibilidad, algo que ha expresado en múltiples ocasiones. La opción casaría muy bien, además, con la nueva estrategia de tintes pujolistas (esto es, jugar al despiste frente al descaro de JxC) de los republicanos. Los comunes, por su parte, se sentirían como pez en el agua formando parte del Govern, aunque es de esperar un nivel de influencia menor que el que ejercen sobre el Presidente de la Nación.

La situación de los partidos constitucionalistas catalanes de cara a las elecciones autonómicas

Las dos experiencias previas no invitan al optimismo. El ejecutivo liderado por Pasqual Maragall batió todos los récords precedentes en materias como las sanciones por rotular en español; el de José Montilla agregó a las cesiones al nacionalismo una negligente política económica. Esta vez, la situación se prevé todavía más complicada, puesto que sería un partido manifiestamente secesionista quien encabezaría el gobierno.

En Ciudadanos, la tarea de reconstrucción interna juega en contra de sus posibilidades de éxito electoral. El PPC se recuperaría, pero tampoco lo suficiente. El proyecto de “Catalunya Suma” puede no ser la panacea que creen algunos: en la Calle Urgell cuentan con estudios que indican que concurriendo por separado la representación obtenida sería mayor; por otro lado, el sector socialdemócrata de Cs (o lo que queda de él) teme una fuga de votos al PSC. VOX quizá pueda recoger parte del voto obrero que de lo contrario se abstendría. En resumen, no está tan claro que la fragmentación del constitucionalismo suponga en este caso un handicap real.

Queda por ver qué decisión tomará finalmente Manuel Valls. Su proyecto vendría a llenar el espacio del centro-izquierda no nacionalista. Hay quien dice que podría atraer a partidarios de la corriente crítica “Cs Eres Tú”, a la que casi nadie imagina como vencedora en la disputa por el control del partido liberal (de momento, ya ha perdido la batalla de los compromisarios). La dilatada carrera política del que fue primer ministro francés es a la vez su mayor fortaleza y su mayor debilidad: mientras unos ponen de relieve el know-how acumulado, otros lo acusan de arribista.

Más de lo mismo

A pesar de semejante diversidad, surge la sensación de que, en el fondo, la táctica de oposición al independentismo por parte de partidos políticos no ha variado un ápice en los últimos años. Atendiendo a los resultados cosechados en las distintas elecciones autonómicas, el conformismo no debería ser, desde luego, una opción asumible. La “nueva política” que Ciudadanos y Podemos anunciaron a bombo y platillo en su momento ha demostrado no ser tal; conforme han ido consolidándose en las instituciones públicas, las malas praxis de los partidos convencionales se han ido imponiendo en su seno.

El mayor problema al que nos enfrentamos los contrarios al nacionalismo es la falta de movilización en nuestras filas, la cual contrasta con el fiel compromiso de nuestros rivales. Creo que el punto anterior (esto es, la ausencia de opciones políticas que despierten la emoción entre el electorado) contribuye enormemente a profundizar ese fenómeno.

Han sido movimientos civiles como SCC, Plataforma por Tabarnia o S’ha Acabat! los que han despertado a nuestra gente. Un nuevo partido político, con un programa original y una estructura organizativa disruptiva, podría llegar a repetir el éxito de las asociaciones mencionadas con la ventaja añadida de la presencia institucional. Debería tratarse de una formación valiente, es decir, que no convirtiera ningún punto en indiscutible, y que no descartara tampoco ninguna posible solución a los problemas a los que nos enfrentamos. Por supuesto, dicho partido contaría con la oposición no sólo de las fuerzas nacionalistas, sino también de las que no lo son. Discutir el statu quo sólo sería factible con unas bases amplias que dieran apoyo incondicional a la propuesta. La aprobación de los Presupuestos de la Generalitat traerá consigo una nueva convocatoria electoral. Os recomiendo que estéis expectantes.

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