Gabriel Rufián y Adriana Lastra. Barcelona Hoy.
Gabriel Rufián y Adriana Lastra.

Con las negociaciones para la investidura de gobierno ha vuelto a aparecer este patético dirigente de Esquerra con sus salidas de tono y manifestaciones de autosuficiencia.


Nuestro viejo marino lleva ya un tiempo abrumado y asombrado viendo la deriva política y de las negociaciones que se están llevando para conformar el gobierno nacional, solo le faltaban los burdos comentarios del portavoz de ERC, por ello, en el café sabíamos que nuestro amigo tenía algo que opinar:

—La verdad es que este Rufián ha conseguido ser un «superstar» en la pasada legislatura. Sus bufonadas han sido antológicas. Posiblemente él las encuentre divertidas y esté envanecido porque ha conseguido protagonismo, mientras que cualquier persona, medianamente sensata, pensaría que está transmitiendo la peor imagen que debe proyectar un político responsable. Esto solo contribuye a confirmar la idea que está tan extendida en la población de que la política ha llegado a unos niveles de degradación sofocantes y que contamos con el nivel más bajo de políticos de las últimas décadas.

La joven profesora, entre irónica y molesta, comenta:

—Tienes razón este es bufón y posiblemente los periodistas puedan agradecerle que sus salidas de tono, sus maneras toscas y primitivas les ha servido para tener grandes titulares y mucha carnaza mediática. Realmente los medios de comunicación pueden vivir de personajes tan infames, pero lo que nos cuesta un personaje tan «lívido» como este ya no nos resulta tan gracioso. Este es un oportunista muy caro para lo poco que aporta. Por ello, además de bufón le podríamos añadir el apelativo de bribón. Amenazó, en la legislatura anterior, que iba a dejar su escaño, pero le ha cogido el gusto al sillón, a los magníficos sueldos —que jamás hubiera conseguido fuera de la política—, a las prebendas y a la notoriedad. Se ha convertido en un claro exponente de la poca credibilidad entre lo que dicen y lo que hacen los políticos. Totalmente de acuerdo, Rufián, además de bufón es un bribón.

 El marino burlón añadió:

—La única cosa que puede parecer positiva y que se puede extraer de contar con personajes como estos en la política —y que abundan bastante—, es la constatación de que debemos ser el país más rico del mundo. Nos podemos permitir el lujo de derrochar y malgastar el dinero manteniendo a políticos tan inútiles e innecesarios. Políticos que deberían estar dedicados a buscar soluciones y crear oportunidades para el bienestar común, en lugar de andar enredando y creando problemas ficticios porque, a pesar de lo que digan algunos, este es un país que está entre los quince más ricos del planeta y que goza de unos niveles de libertad y descentralización de gobierno mayores entre los países democráticos occidentales.

Además —siguió el marino— este rufián, por partida doble, hace gala de unas dotes diplomáticas envidiables. Si se supone que su partido tiene que negociar la investidura con Sánchez, no se recata de decir que es un «derrotado» y presume de que «ERC ha puesto y quitado gobiernos», lo que añade a su desfachatez la estulticia, porque el mensaje que nos transmite es que esto es solo una cuestión de poder y fuerza. Una buena forma de iniciar una negociación, y nos preguntamos dónde quedan los intereses de los que les han votado. Este es un errado que al parecer también está «herrado».

La joven profesora dio un giro a la conversación para comentar:

—Este paradójico vividor de la política durante el «paseíto» que se dio entre los manifestantes que incendiaron Barcelona tuvo el «placer» de tener que escuchar abucheos y que lo clasificasen de botifler. Le dieron una buena recompensa a su desvergüenza. Los hijos de esos burgueses acomodados que han estado «luchando contra la tiranía» desde su acomodada posición, esos independentistas de «pata negra» solo lo ven como un botifler. No debería olvidar sus orígenes, por mucho que se empeñe, por mucho que esgrima la fe del converso, para esos catalanes no dejará de ser un charnego sin pedigrí. Por lo que parece que a lo de bufón y bribón, también puede sumar lo de botifler.

Entre risas el marino comentó:

—Este Rufián tiene el dudoso honor de ser el «chico 3B», y no es por aquello de: «bueno, bonito y barato», porque no tiene nada de bueno, más bien es malo; lo de bonito es más que dudoso porque resulta bastante feo todo lo que hace y dice; y podríamos etiquetarle con cualquier cosa menos de barato, porque nos sale muy caro, carísimo, para lo que aporta al país.

Irónicamente la profesora comentó:

—A este chico «3B» se le podría hacer una ecuación:  Rufián = Bribón + Bufón + Botifler. Nos levantamos del café, mirando el mar bravío. Lamentablemente la realidad política no invita a la calma.

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